Milan Vukmirovic. Foto vía Instagram: @milanvukmirovic

En su trayectoria se acumulan tantos brincos profesionales que se ha convertido en ‘inclasificable’. Sin pretenderlo ni quererlo, este serbio criado en París está considerado uno de los personajes más influyentes de la industria de la moda a través de su revista en formato libro Fashion for Men y sus múltiples colaboraciones con grandes marcas de lujo, como la recientemente presentada para la firma Ports 1961.

Me resulta complicado localizar mentalmente la fecha exacta. Me encontraba en París para el lanzamiento de una fragancia muy importante, destinada a un mercado nicho y con una red de distribución tan exclusiva que podía intuirse que la inversión en el producto no alcanzaría a ser suplida con sus ventas. La presentación era en Colette, una de las tiendas de referencia que logró redefinir el concepto de las direcciones de moda más representativas del mundo. En Colette podías y puedes comprar un imán para la nevera firmado por Murakami, un libro de fotografía de Juergen Teller o unos botines de Prada imposibles de encontrar fuera de sus fronteras. En la presentación de esta fragancia, alguien me propuso conocer a Milán Vukmirovic, jefe de compras y fundador de la tienda, así como encargado de los escaparates (que siempre lograban ser un gran reclamo mediático) y de su publicidad.

Después de ese fugaz cruce de saludos, leía en la prensa inglesa que aquel inmenso serbio, rapado y tan tímido que conmovía, con un estilo tan singular como innato, abandonaba la pequeña tienda de la mítica y parisina calle St. Honoré y se convertía en colaborador autónomo para publicaciones como iD o Numèro, hasta que Tom Ford le propuso trabajar para su equipo en Gucci. Aquella corta relación duró hasta que decidió aceptar el reto de poner orden en una caótica Jil Sander tras la salida de la fundadora de la marca. También fue tan corta la relación (cinco colecciones, varias de ellas, apaleadas despiadadamente por la crítica) entre Sander y Vukmirovic (“lo que no te mata, te hace más fuerte“, comentó en posteriores entrevistas acerca de este paso por la firma propiedad del Grupo Prada), que bien podría parecer que su carrera arrancaba hacia el abismo a raíz de los aparentes e impulsivos cambios, carentes de una orientación o estrategia a largo plazo. Sin embargo, su pasión editorial lo premió con la dirección de la versión masculina de L’Officiel, de la que logró una enorme reputación como fotógrafo y director de arte. La publicación hoy cuenta con doce versiones internacionales y un sólido posicionamiento entre las cabeceras de moda masculinas en todo el mundo. En ella, modelos españoles como Kortajarena o Velencoso consiguieron algunas de sus mejores portadas y editoriales, dirigidos por Vukmirovic.

Milan Vukmirovic en las calles de Florencia. Foto vía Instagram: @milanvukmirovic
Milan Vukmirovic en las calles de Florencia. Foto vía Instagram: @milanvukmirovic

Pero parece ser que su inquietud no se calmaba entre los muros de la editorial de L’Officiel, por cierto, a punto de lanzar su versión femenina en España, sigue expandiendo su currículo. La dirección creativa de la marca italiana Trussardi, dos colecciones cápsulas para los joyeros Dinh Van y para la marca Chevignon, así como el lanzamiento de su propia cabecera Fashion for Men en 2011 lo consolidan como uno de los slashers (término acuñado para definir a quién es capaz de asumir varias funciones con éxito) más influyentes del mundo de la moda. Su colaboración en campañas para Armani, Hugo Boss o Neil Barret, así como un proyecto de tienda en Miami y Seúl  y coqueteos editoriales con las revistas VMan y Details no dejan que su carrera se estanque. Hace pocos meses la firma canadiense Ports 1961, con sede en Hong Kong, anunciaba su fichaje como director creativo de su división masculina, lo que coincidía, según afirmaba el protagonista en su cuenta de Instagram, con el comienzo de una relación sentimental que se encargaba de desvelar con imágenes en diferentes lugares del planeta. Algo poco habitual en un hombre que siempre ha confesado que su incurable timidez le ha acarreado una injusta fama de arrogante y prepotente, acusaciones de las que se defiende afirmando que “soy un tímido terrible, y me cuesta aparentar lo que no soy“. Hace pocos días el diario francés Le Fígaro publicaba una entrevista con él para valorar su primera colección para Ports 1961. En ella, Milan Vukmirovic, aseguraba que “la moda masculina está de moda, y aquellas marcas que no lo quieran ver así cometen un error estratégico importante“. Sobre su trabajo como editor, puntualizaba que la era digital “nos obliga a crear imágenes que perduren en el tiempo, y eso nos conduce a mantener un nivel de actualidad muy importante, por lo que para mí es una obligación mantenerme al día en lo que ocurre en esta industria“. Pero a lo que no puede resistirse este tímido confeso es a su capacidad de influencia como icono de moda. No obstante, el director creativo de Marks&Spencer, a quién conocí en una visita a Tenerife, me aseguraba que en Londres “ya es tan influyente como David Gandy, y su capacidad para posicionar una marca crece cada día sin atisbo de competencia“.

Autor: Armando Pinedo

No hay comentarios

Dejar una respuesta