Diseños de Raf Simons para la colección Otoño-Invierno 2015-2016. Fuente: Instragram @Dior.

No. Al menos, eso asegura la directora de la edición americana de Vogue, Anna Wintour. La periodista ha proclamado en numerosas ocasiones que este tipo de presentaciones se han convertido en una rivalidad estética y comercial entre marcas, seguramente consecuencia de la inmediatez de las redes sociales. Sin embargo, la lucha continúa y la selva de la moda vive asediada por partidas presupuestarias que no justificarían su ejecución y fomentan más la rivalidad entre los grandes grupos del lujo que el talento y la originalidad.

Las colecciones ‘Crucero’ que han lanzado muchas marcas, prácticamente todas las que pertenecen a ese denominado “mercado del lujo”, no podrían responder muy estratégicamente si se les abordará acerca de si elaborarlas se debe más al retorno mediático que obtienen que a un despunte notable en sus ventas. Seguramente, ambas opciones van de la mano, pero la competencia por ver si Chanel logra más menciones que Dior en Instagram o si la originalidad de Carolina Herrera no hace sombra a la simplicidad de Proenza Schouler o, si acaso, si la intelectualidad de Gucci no es excesiva para una colección tan efímera van mimando las conciencias de muchos periodistas especializados. De hecho, Wintour no acude a ninguna de estas presentaciones, y no olvidemos que es la persona más influyente en la industria de las pasarelas, lo que define su posición ante este relativamente nuevo concepto.

Presentación de colección Primavera Verano 2016 de Prada. Foto vía Instagram: @prada
Presentación de colección Primavera Verano 2016 de Prada. Foto vía Instagram: @prada

En todo caso, la magia de antaño, cuando John Galliano lograba poner en pie de centenares de invitados o Chanel apuntaba constantemente a sus aristocráticos orígenes exponiendo sus colecciones en el apartamento de Coco Chanel o, incluso, cuando Tom Ford lanzaba un millón de pétalos de rosas blancas sobre la supermodelo Natalia Vodianova para clausurar Gucci, parece que se ha vuelto un acontecimiento tan histórico que ni siquiera son una referencia en la época digital. Algo que lamentan (me incluyo) muchos de los periodistas que han vivido aquellas experiencias en primera persona.  Sin embargo, muchas empresas de la industria de la moda empiezan a optar por cortometrajes para presentar sus proyectos, apuestan por vídeos muy cualitativos o exposiciones que, al fin y al cabo, alimentan su estatus en un sector tan cerrado al mundo real de, por ejemplo, la calle, algo que ha cambiado debido a las redes sociales y a los múltiples canales de comunicación que han proyectado.

La reciente y primera edición de la Semana de la Moda Masculina de Nueva York ha sido un éxito de convocatoria, aunque en un principio muchos no vieron con buenos ojos que se disociara de la bianual Fashion Week neoyorquina. Los resultados, con más de 500 compradores y periodistas asistentes, con marcas muy potentes en la industria masculina, la han posicionado en una rampa de salida casi segura a la hora de indagar sobre su continuidad. Es, sin duda, el ejemplo más reciente de la buena salud que vive el mercado masculino, tanto en moda como en cosmética.

Autor: Armando Pinedo

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