Foto vía Instagram: @americanapparelusa

Autor: Armando Pinedo

Antes del boom de marcas como Abercrombie&Fitch recuerdo que todo el que viajaba a Estados Unidos se veía obligado a visitar alguna de las tiendas de American Apparel para cumplimentar una larga lista de encargos para llevar a España. Todo el mundo quería tener en su guardarropa alguna de sus camisetas o pantalones de algodón sin apenas mensajes externos. De aquello ya se encargaban sus campañas de publicidad, conocidas por su elevado contenido sexual, y que solía firmar el contradictorio fotógrafo Terry Richardson. Hace pocos años la cadena original de Los Ángeles optó por un local en el barrio gótico de Barcelona para su aterrizaje en España. Sin embargo, el deseo que sus campañas generaban en una clientela fiel desde su fundación en 1998 se declaraba indignada ante una creciente y obvia imagen basada en un culto al cuerpo, a veces, con ciertas pinceladas sórdidas y descaradamente morbosas. Y ya se sabe que el sexo, sin misterio, poco interés despierta. Si a ello le sumamos que en aquel momento su fundador y CEO, el canadiense Dov Charney, de 40 años de edad, recibió múltiples denuncias por acoso sexual, pues era casi obvio intuir malos tiempos para la marca.

Los beneficios comenzaron a bajar, incapaces de competir con otras cadenas que lograban distribuir sus equipos de diseño, producción y distribución en empresas subcontratadas y que veían crecer sus márgenes de beneficios mientras que American Apparel vivía una constante caída de sus ventas, cuyo pico más negativo alcanzaron recientemente con una fulminante bajada en bolsa que revelaba toda la prensa económica internacional. Según la publicación Fortune, la empresa se considera prácticamente incapaz de seguir viva hasta finales de año ya que carece de la liquidez suficiente para mantenerse a flote. Su nueva presidenta Collaen Brown, quién sustituyó a Charney al ser despedido fulminantemente por la junta directiva en un desesperado afán por lavar la imagen de la marca, anunció un recorte de 30 millones de dólares, aunque no parece que esas abultadas cifras consigan en milagro de reflotar la empresa, a la vez que un confirmado último crédito solo parece significar un proceso de anestesia ante su inminente desaparición.

Foto vía Instagram: @americanapparelusa
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