Foto vía H&M

Autor: Armando Pinedo

Mañana por la noche Nueva York acogerá una de las mayores fiestas del año con motivo de la presentación de la colaboración entre la cadena sueca y la firma de ropa francesa. Más de mil invitados, celebridades de todo el mundo y una actividad en Instagram que disparará toda previsión. Pero venderse, ¿se venderá la colección?

El próximo 5 de noviembre un total de 100 diseños conformarán la onceava colaboración entre un creador de fama mundial, en este caso, Olivier Rousteing, y la cadena de tiendas H&M bajo el sello Balmain, lo que se traducirá en su estrategia comercial que solo una selección de tiendas repartidas por el mundo podrán incluirla en sus estanterías. Por ello, la Gran Manzana ultima los detalles en un antiguo local del banco JPMorgan Chase, en Wall Street, para acoger mañana una fiesta al estilo Rousteing, es decir, celebridades, modelos, empresarios, periodistas… Al joven director creativo de Balmain, a quien siguen más de 1,4 millones de personas en Instagram (la cuarta persona más poderosa de Francia en dicha plataforma) la actividad frenética de esta colaboración le mantiene en primera fila mediática estos días, donde no ha parado de decir en cada encuentro con los medios que su objetivo es que “todos sepan que son bienvenidos a Balmain, y que esta colaboración es un ejemplo de que no somos una marca excluyente, sino que la moda debe ser todo lo contrario: incluyente”… Claro que cada una de las cien piezas bajo el sello H&M costará 200 € como máximo y un vestido made in Balmain alcanza los 20.000 €…

Foto vía H&M
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Pero ¿dónde radica el éxito o el argumento de convicción para que una marca se deje seducir por la cadena sueca en una colaboración que ya cumple 11 años –arrancaron con Karl Lagelfeld­ – y que se analiza como uno de los mejores modelos de negocio de la industria de la moda? En la visibilidad, sin duda. Y en ello, Rousteing, que fue nombrado director creativo de Balmain en 2011, lo tiene claro. Es obvio pensar que H&M no logra un porcentaje de ventas mareante con esta colaboración y este despliegue de medios y presupuestos (solo Olivier Rousteing recibe unos honorarios de 1 millón de euros), sino que la métrica que calcula la cantidad de veces que sus consumidores ven la unión con un sello como Balmain en este caso, o Versace, Wang o Lagelfeld en el pasado, incrementa la percepción positiva de la empresa para conducir a sus consumidores a sus puntos de venta y, por supuesto, incitan a los que no lo son. Ya no está mal visto que una señora acceda al Hotel Four Season de Nueva York con una bolsa de Dior y otra de H&M. Como dijo Lagelfeld, se trata de democratizar la moda.

Según apunta Anna-Sofie Johansson, directora creativa de H&M, hoy en www.businessoffashion.com, “todo ayuda en la construcción de una marca porque se crea un zumbido y tal vez hace que la gente que nunca compró en H&M se interese por nuestro producto. Es lo que llevamos haciendo hace ya 11 años con este tipo de acciones”. Es obvio que el beneficio va en las dos direcciones y que es bueno para ambas marcas porque, en el caso de Balmain, sus clientes observarán cómo todo el mundo quiere tener un pedacito del universo de su firma, y aquellas que no lo son sientan que pertenecen, en cierta medida, a un mundo aún más exclusivo”, puntualizó Emmanuel Diémoz a la revista The New Yorker hace pocos meses.

Lo cierto es que Rousteing siempre se ha manifestado muy feliz con el proyecto, algo que buscan en H&M, ya que el éxito de este acuerdo radica en gran parte en la potente visibilidad que obtenga en los medios y plataformas sociales, así que toda la cuenta atrás ha obtenido una repercusión muy notable, sobre todo, desde que la campaña firmada por Mario Sorrenti se desveló hace pocos días en Twitter y posteriormente en Instagram, compartida a su vez por sus protagonistas, los modelos Hao Yun Xiang, Jourdan Dunn, Kendall Jenner y Gigi Hadid, todos unidos bajo el hashtag #HMBalmaination.

Foto vía H&M
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