Mañana empiezo

Mañana empiezo


Autora: Arancha del Castillo

En un mundo donde la exigencia laboral es cada vez mayor, a todos nos ha pasado alguna vez (o durante una época) eso de ir dejando lo que tenemos que hacer para el día siguiente. Cuando posponer las tareas es algo ocasional y contextualizado, no hay de qué preocuparse, pero en algunas personas este hábito llega a interferir significativamente en sus vidas, impidiéndoles conseguir sus metas y afectando a su bienestar físico, mental y social. La procrastinación, desde el ámbito de la psicología, es esta tendencia a posponer el inicio o conclusión de cualquier tipo de acción o decisión indefinidamente aunque tengamos intención de realizarla, llevando a diversos problemas y a un elevado malestar. Se trata de un problema más común de lo que creemos, que va por lo general, reduciéndose con la edad y que afecta tanto a hombres como a mujeres. Aunque también tiene su lado positivo (cuando posponemos estratégicamente, por ejemplo), la visión más popular es la negativa. ¿Es una cuestión de fuerza de voluntad, vagancia o moral? ¿Es algo más profundo que eso?

Algunas personas procrastinan por el subidón de hacerlo todo a última hora. Buscan sentir que se salen con la suya en una situación de alto desafío y a menudo lo justifican diciendo que trabajan mejor bajo presión. En otras ocasiones, detrás de la procrastinación puede haber un intenso miedo al fracaso. La persona pospone la actividad como una forma de no enfrentarse a sus propias limitaciones y así protege su autoestima. También puede haber un miedo al éxito, en el sentido de temer las repercusiones que puedan tener sus logros en los demás (generar envidia). Detrás de estos miedos suele existir un perfeccionismo y autoexigencia elevados. Algunas características de la actividad, como que sea aburrida o poco motivadora también pueden favorecer que se vaya aplazando el momento de comenzarla.calculadora

Algunos autores han descrito el ciclo del procrastinador, con el que, en mayor o menor medida, muchos se verán identificados:

  • Primera fase: “esta vez empezaré con tiempo”. Momento cargado de buenos propósitos y de esperanza de hacer las cosas cuando toca.
  • Segunda fase: “tengo que empezar pronto”. El tiempo pasa y no hemos empezado, comenzamos a sentir cierta ansiedad (¡¡pero aún hay esperanza!!).
  • Tercera fase: “¿qué pasa si no empiezo?”. Aumenta la ansiedad porque vemos cada vez más difícil comenzar a tiempo. Aparecen pensamientos catastróficos en torno a nuestras capacidades y nuestro futuro -que será muy oscuro. Se mezclan sentimientos de arrepentimiento, culpa e incluso vergüenza.
  • Cuarta fase: “todavía tengo tiempo”. Surge una esperanza irracional, casi mágica, de que todo acabará bien -pero no hemos empezado-.
  • Quinta fase: “a mí me sucede algo”. Comenzamos a creer que el problema somos nosotros.
  • Sexta fase: “tengo que tomar una decisión”. En este punto puede ocurrir que no toleremos más malestar y decidamos coger al toro por los cuernos. Si tomamos esta vía, poco nos importa ya la calidad de lo que estamos haciendo. Queremos acabarlo y punto. También puede suceder que valoremos como imposible sacar la situación adelante a pesar de que invirtamos todos nuestros esfuerzos y decidamos tirar la toalla antes que afrontar la tarea.
  • Séptima fase: “nunca volveré a procrastinar”. Independientemente de la decisión aparece una mezcla de alivio y agotamiento y de nuevo haremos promesas que no seremos capaces de cumplir.

Las personas que posponen de este modo experimentan elevados niveles de estrés, sensación de pérdida de control cuando sus intenciones no se corresponden con sus acciones y mucha frustración. Esto influye sobre su estado de ánimo general y sobre su autoestima, además, por supuesto, de afectar al rendimiento.infeliz

¿Qué podemos hacer para reducir la probabilidad de que pospongamos una actividad o acción importante?

  1. Evalúa las habilidades que necesitas para la actividad y entrénate previamente en ellas para estar más preparado. A veces nuestras habilidades son buenas pero las infravaloramos, por lo que puede ser interesante hacer un análisis más objetivo y afrontar la tarea para ponernos a prueba.
  2. Aumenta la motivación por la tarea. Puedes hacerlo introduciendo pequeños cambios que la conviertan en un reto alcanzable o que la hagan más interesante. Recuerda premiarte por cada objetivo logrado.
  3. Organiza el entorno. Póntelo fácil para permanecer en la actividad. Lo mejor es planificar de antemano lo que se va a hacer de manera realista, establecer el cuándo y el dónde, incluir fechas límite y fragmentar las tareas más largas en sub-objetivos.
  4. Trabaja para reducir el perfeccionismo, el miedo al fracaso y la baja autoestima. Sin duda es lo más difícil porque es algo que hemos ido construyendo a base de experiencias. Igual que en el primer punto, trata de analizar de manera objetiva los pensamientos que te vienen a la cabeza (¿son realistas? ¿qué pruebas hay a favor y en contra?). Trata de ponerlos a prueba a través de pequeños experimentos.

Y para terminar, hay que decir que posiblemente perdonarse por procrastinar sea el mejor comienzo pues hace que salgamos del bucle negativo y nos orientemos hacia la tarea.

¿Qué? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? De momento psicoterapeuta. A medio camino entre Tenerife y Barcelona. Acompaño a las personas en su proceso de cambio hacia un estado de mayor bienestar a través del apasionante mundo de la psicología. Me encanta bucear por los recovecos del funcionamiento humano y contribuir con herramientas a que este sea lo más satisfactorio posible.

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