El sepulcro vacío

El sepulcro vacío

Foto: Josu Hdez
Foto: Josu Hdez

Autora: Virginia Martínez

Siempre es un placer desplazarse hasta La Orotava y pasar la tarde en sus calles adoquinadas, flanqueadas por edificios históricos y casas señoriales bien conservadas. Tampoco puede faltar la visita a los Jardines Victoria, junto al Liceo Taoro. Diseñados por el arquitecto francés Adolph Coquet a finales del siglo XIX, presentan una singular fisonomía escalonada, en la que se intercalan fuentes, paseos, vegetación y unas vistas magníficas de la Villa.

La pregunta de por qué este lugar, único en Canarias, surge cuando nos topamos con una construcción de mármol blanco en lo alto de unas escalinatas simétricas. Esta curiosa obra es en realidad un sepulcro, que revela el secreto de estos jardines. No fueron realizados por una cuestión ornamental, sino para guardar los restos del marqués de la Quinta Roja, Diego Ponte del Castillo, al que se le había negado el entierro en el cementerio local por su condición de masón.

Foto vía Instagram: @analisry
Foto vía Instagram: @analisry

Fue su madre, Sebastiana del Castillo Manrique de Lara, quien solicitó al arquitecto Coquet, también masón, la construcción de este complejo para convertirlo en panteón familiar y defender el honor de su hijo. Este descubrimiento supone un plus de interés a la visita, pues no se conoce nada igual en las Islas, donde la masonería ha estado siempre muy arraigada. Pero ahí no acaba la historia, porque finalmente se aceptó que fuera sepultado en campo santo, y el sepulcro quedó vacío.

Precisamente, El sepulcro vacío es la última novela de la poetisa y escritora tinerfeña Cecilia Domínguez Luis, ganadora del Premio Canarias de Literatura 2015 en reconocimiento a su dilatada trayectoria literaria. Domínguez es oriunda de La Orotava y la historia del marqués de la Quinta Roja ha estado en su cabeza desde que era pequeña, avivada por la vehemencia con la que se la contaba su abuela.

El sepulcro vacío toma como base los hechos reales que sucedieron en La Orotava a finales del siglo XIX, pero, como advierte la autora, la novela es ante todo invención. De ahí que haya modificado los nombres de algunos de sus protagonistas, por ejemplo, para remarcar el carácter ficticio.

La historia comienza años después de la muerte del marqués. Su esposa, Isabel, después del fallecimiento de su marido, vive en otra casa de la villa para criar a su hijo Pablo lejos de las influencias de su abuela, Eulalia, evitando hablar de su padre y educándole en la fe de la religión católica. Sin embargo, a medida que Pablo va creciendo, la curiosidad por saber de su padre, de la singular construcción del jardín de la casona, del motivo de tanto silencio y distanciamiento entre su madre y su abuela… va en aumento.

Foto vía Instagram: @analisry
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En las 358 páginas del libro, escrito de una forma muy personal, en las que los diálogos de los personajes se mezclan sin guiones en el mismo cuerpo de texto, podemos leer cómo Pablo, sin dejar de un lado a su madre, que tanto ha hecho por protegerle, a su manera, no desiste en su intento de descorrer la cortina del pasado para saber todo lo que sucedió antes de que él naciera. Para ello tendrá la ayuda de su abuela, de un antiguo amigo de su padre en París y la del jardinero de la casona, Matías, que al igual que hizo su padre con el señor marqués, se convertirá en el mejor aliado de su hijo.

El lector encontrará la explicación, aunque sea solo fruto de la imaginación de Cecilia Domínguez, al cambio de decisión de la iglesia, que pasó de prohibir la sepultura del marqués a permitir que lo enterrasen en el cementerio. El sepulcro vacío es también un libro bien documentado sobre la época, finales del siglo XIX y principios del siglo XX, tanto en los escenarios de La Orotava, París y las novedosas Torre Eiffel y Estación de Orsay, o Santa Cruz de Tenerife y la inauguración del Templo Masónico.

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