Foto: Salvador Aznar

Autor: Salvador Aznar

Con solo pronunciar su sonoro nombre es suficiente para que en la mente de cada interlocutor surjan de manera automática una serie de exóticas imágenes, adjetivos relacionados con la belleza y la monumentalidad o frases que conjuguen la pasión y el misterio que evoca esta ciudad turca.

Nada más arribar a esta populosa urbe habitada por algo más de catorce millones de personas, los entusiasmados visitantes y viajeros no pueden evitar un cierto estado de embriaguez emocional y visual deslumbrados por el desenfadado y ajetreado ambiente que se manifiesta en cada rincón de este inmenso y exótico escenario que entremezcla Oriente con Occidente. Esta peculiaridad de encontrarse a caballo entre Europa y Asia viene dada por el asentamiento y expansión de la ciudad, sobre las orillas que se extienden a ambos lados del Bósforo, un estrecho que separa a estos dos territorios y une el mar de Mármara con el mar Negro.

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La ciudad de Estambul tiene en el Bósforo su principal artería de comunicación. Moverse por medio de los transbordadores que surcan este amplio canal es una eficiente y económica manera de trasladarse de una orilla a otra y también de llegar hasta los más alejados barrios de la ciudad.

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En tus recorridos iniciales por el centro histórico podrás visitar magníficas obras monumentales como la Gran Mezquita Azul, Reina Sofía, Palacio de Topkapi, y otras maravillas arquitectónicas. Un legado patrimonial de inestimable valor construido en diferentes periodos de la Historia, en los que esta gigantesca cosmópolis, bajo los nombres de Bizancio o Constantinopla, fue capital de los imperios romano, bizantino y otomano.

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Pero si quieres conocer la ciudad de una manera más intima y auténtica no debes contentarte con visitar solo los lugares más emblemáticos, populares y turísticos. Todo lo contrario, debes plantearte recorrerla desde los sentidos, experimentando con los olores, sabores y colores de sus bazares y comercios, saboreando su exquisita gastronomía y sintiendo en tus pies los adoquines de sus calles y plazas.

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Estambul es una ciudad que debe recorrerse sin prisas, visitando sus barrios y entremezclándote en lo posible con los lugareños y su modo de entender la vida. Muévete por la ciudad a bordo de los transbordadores y de los tranvías. Disfruta de un delicioso té en una de las terrazas de sus bares de barrio, observa junto a algún pequeño embarcadero cómo, al caer la noche, las luces de la ciudad se reflejan en las oscuras aguas del Bósforo, acude a un hammam para disfrutar de un reparador baño turco o degusta un sencillo pero sabroso kebab en cualquiera de los locales especializados que te encontrarás en tus rutas por la ciudad. Procura vivirla de la manera más próxima a sus habitantes, es una eficaz manera de conocer un poco mejor cada lugar que visites, especialmente si se trata del gran Estambul.

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@s_aznar

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