Foto vía Instagram: @svensignedenhartogh

Me parece difícil que alguien pueda poner en duda hoy en día que sería prácticamente imposible imaginar nuestra sociedad sin los avances científicos y tecnológicos, sin los adelantos con los que mantenemos contacto diario. Nuestras vidas serían muy distintas sin ellos.

Pero es igual de cierto que existe un preocupante desconocimiento de los resultados, métodos y contenidos generales de las distintas disciplinas científicas en nuestra sociedad. Este analfabetismo científico ha sido señalado por diferentes estudios y encuestas entre la población. Por otro lado, la sociedad en su conjunto es quien financia en definitiva la investigación pública y, por tanto, demanda conocer qué es lo que se hace en las universidades y en los centros de investigación. Además, algunos pensamos que es un compromiso ético de los investigadores contar a la sociedad qué es y qué no es ciencia, así como los resultados de las diferentes investigaciones, de forma divulgativa y que pueda entenderse.

Ambos factores, desconocimiento y desconfianza hacia la ciencia, se encuentran inextricablemente ligados a otro fenómeno: el auge, claramente observable en los medios de comunicación, de las denominadas pseudociencias: disciplinas o creencias de tipo irracional cuyos defensores pretenden hacerlas pasar por ciencias y que, sin embargo, no cumplen los criterios de aquellas disciplinas realmente científicas.

Ilustración de Cristian Sánchez
Ilustración de Cristian Sánchez

El listado de lo que podríamos denominar pseudociencias es interminable: ufología, parapsicología, astrología, videncia y adivinación, feng shui, medicinas alternativas (la homeopatía sería la más representativa), supuestas terapias psicológicas (como la Programación Neurolingüística), etc. Muchos de los embaucadores que las defienden realizan afirmaciones que contradicen nuestra racionalidad así como los principios y teorías científicas mejor establecidas. Y peor aún: muchas de ellas son peligrosas para nuestra salud física o mental. A la luz de lo ocurrido en los últimos siglos, no es totalmente evidente que una sólida formación científica conlleve un rechazo de los contenidos pseudocientíficos. Pero lo que parece indiscutible es que una buena formación científica, unida al conocimiento de las herramientas básicas del pensamiento crítico y de la metodología de la ciencia, posibilitan la realización de análisis críticos y la búsqueda de explicaciones alternativas y terrenales a los argumentos de las pseudociencias. Por todo ello, es necesaria la divulgación de la ciencia unida a la crítica informada y basada en el método científico y la racionalidad a las pseudociencias. Los medios e Internet están plagados de información parcial, interesada y muy poco objetiva de estas disciplinas.

No hay comentarios

Dejar una respuesta