Foto: Salvador Aznar

Autor: Salvador Aznar

Este importante e increíble enclave arqueológico, permaneció durante más de 500 años oculto a la mirada de los extranjeros, hasta que en 1812 fue redescubierta por Jean Louis Burckhardt, un viajero y aventurero de origen suizo, que se dirigía hacia el interior de África. Durante su periplo había oído a los camelleros de las caravanas contar algunas historias sobre una misteriosa ciudad abandonada, donde moraban los Djinn, unos genios invisibles para los humanos a los que se le atribuían la construcción de estas fabulosas y misteriosas edificaciones.

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Atraído por estas historias, que eran transmitidas generación tras generación en forma de fábulas y leyendas por los diferentes pueblos beduinos de la zona, y gracias a su conocimiento de las lenguas árabes, consiguió -haciéndose pasar por comerciante árabe- convencer a un grupo de beduinos para que lo condujeran hasta las ruinas de esta extraordinaria ciudad excavada en las paredes rocosas del valle de Aravá, en el sur de Jordania.

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Como siempre, antes de viajar a un nuevo destino o emplazamiento consulto mucha documentación previa, tanto textual como visual, de esta manera cuando llego al lugar ya lo hago con cierto conocimiento y composición de lugar. Pero debo reconocer que en esta visita a la ciudad de Petra la realidad que podía observar a mi alrededor superaba todas mis previsiones y expectativas.

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Nada más atravesar el desfiladero, cuando el primer edificio conocido como el Tesoro se mostró ante mis ojos, ya comencé a sentir una indescriptible sensación de hallarme en medio de un imposible paisaje arquitectónico, que al parecer, se escapa a toda lógica. ¿Cómo y con qué motivo construyeron los pueblos nabateos estos soberbios edificios de ornamentadas fachadas esculpidas en la roca?

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A medida que me iba moviendo por la pequeña explanada sobre la que se alzaba el primer edificio, donde un nutrido grupo de beduinos a lomos de carros, burros y camellos, esperaban a los turistas, la sorpresa y la admiración se iban apoderando de mi ánimo.

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Tras el Tesoro, se abría un sendero, por el que dirigí mis pasos hacia el interior de un pequeño valle, siempre rodeado de altas paredes rocosas, en las que iban surgiendo ante mi asombrada mirada increíbles  conjuntos arquitectónicos esculpidos entre las altas y rojizas rocas. Mientras, en las zonas más llanas, se apreciaban los restos arqueológicos de otro tipo de construcciones, tales como el Teatro, que según parece podía albergar unas 8.000 personas en su aforo o la avenida de los templos, flanqueada por derruidas columnas.

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Además de esta zona central, en Petra destacan otras construcciones más alejadas del conjunto y de difícil acceso, conocidas como el Sacrificio y el Monasterio o Ad-Deir. Un ascenso de 800 escalones esculpidos en la roca de los escarpados barrancos y un calor sofocante sobre nuestras cabezas, nos separaban de estas maravillas, pero ese era el precio de la aventura, y disfrutar con la contemplación de tremendas maravillas arquitectónicas, recompensaba el sacrificio de la agotadora ascensión.

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Sea como fuere, el origen y motivo de esta ciudad Nabatea, construida en una estratégica zona geográfica, por la que transcurrían las caravanas comerciales que se dirigían a Asia. El espectáculo que ofrece esta remota y misteriosa ciudad de Petra, es de lo más fascinante y al parecer aún solo se ha descubierto un pequeño porcentaje del conjunto total.

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@s_aznar

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