Lo de ponernos cuernos viene de viejo. No se sabe bien quién fue el primero pero los expertos parecen coincidir en que la cosa empezó desde que fuimos más de dos. Desde Fernando el católico a John F. Kennedy, nuestra historia tiene más cuernos que los encierros de San Fermín. Muchos padecen esa ansiedad del adicto que no puede dejar de consumir su droga prohibida. Antes se la jugaban ante la vecina del 5o, la mujer del frutero o algún amigo indiscreto, esta vez han sido un grupo de hackers detrás de una pantalla de ordenador.

Sandra M., una treintañera de sonrisa permanente, me confiesa frente a su smoothie que las redes sociales son para ella un mero entretenimiento. De hecho, afirma colgar “solo boberías, cosas que me gustan, vídeos simpáticos y cosas así”. El que hasta hace poco era su marido – están en trámites de divorcio – ni siquiera tiene Facebook pero es uno de los canarios que figura en la famosa lista de la web de relaciones extraconyugales Ashley Madison.

“La vida es corta. Ten una aventura”, figura en la cabecera de su portal, un sitio que dice ser discreto, seguro y fiable. No obstante, el pasado julio un grupo de piratas informáticos hicieron pública una lista con los nombres de sus casi 39 millones de usuarios registrados en todo el mundo. Estos datos robados aún están disponibles para descargarse en diferentes portales informáticos. Así se supo qué deportistas de élite, altos funcionarios del gobierno o estrellas televisivas pagaban en la red por sexo extramatrimonial, incluso durante sus horas de trabajo.

Ilustración: Nareme Melián
Ilustración: Nareme Melián

De paso, con esa lista quedó demostrado que ni siquiera existe igualdad en el mapa de la infidelidad y que aquel rumor que dice que los hombres pensamos con la chorra va a acabar teniendo fundamento. Porque resulta que de esos 39 millones de usuarios de Ashley Madison, solo 5 millones son mujeres y la propia empresa, ante la notable falta de actividad femenina, se inventó cientos de miles de perfiles falsos que compartían IP y correos electrónicos, probablemente creados por sus propios empleados. Se confirmó que poco más de 1000 mujeres revisaban sus mensajes en la web frente a los 20 millones de hombres que sí lo hacían. Así que para colmo, ni siquiera era un buen sitio para engañar a tu mujer.

“Los tíos son idiotas”, me comenta Sandra, “se creen que la modelo de la foto va a estar al otro lado del chat”. Yo no critico a los usuarios de estas páginas de cuernos, faltaría más, y más habiendo otras donde se explica cómo hacer bombas caseras. De hecho han sido víctimas de un doble fraude, en primer lugar, la página que les garantizó discreción ha petado exponiendo sus nombres públicamente y en segundo, casi no había mujeres. Es lo que yo llamo un mal negocio.

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