Autora: Virginia Martínez

“—Cuarenta años son muchos años, debería olvidar el pasado.
Me brindó una expresión de profundas arrugas que no se debían a una vida llena de risas y, por su contestación, supe que no saldría nada bueno de aquel asunto.
—¿Lo ha olvidado usted, señor Fernández?”

(Los ojos del puente, Javier Hernández Velázquez, M.A.R. Editor, colección: Narrativa, 2014)

El barranco de Santos atraviesa la ciudad de Santa Cruz de Tenerife y gracias a sus cinco puentes podemos cruzar de un lado a otro sin más obstáculos que una línea recta. Galcerán, Serrador, Asuncionistas… Caminamos por ellos sin mirar al abismo que hay bajo nuestros pies. Pero el barranco siempre está ahí, con recuerdos históricos, moradores de casas cueva o vestigios de temporales pasados. En Los ojos del puente, Javier Hernández Velázquez emplea la figura del barranco, tan canario y tan cercano, para representar la realidad que no queremos ver. Verdades que a veces salen a la luz, aunque hayan pasado mucho tiempo bajo tierra.

El ex policía y detective privado Mat Fernández, que apareció en la obra literaria de Hernández Velázquez con Un camino a través del infierno, vuelve a la acción tras recibir un encargo de un hombre rico de la ciudad. La misión consiste en investigar unos asesinatos sin resolver que ocurrieron en el verano de 1967 en Los Ángeles, San Francisco y Santa Cruz de Tenerife. El caso se pone en marcha con un buen fajo de billetes, unas fotos truculentas y el primer capítulo de un libro. Se trata de la novela La lluvia no dice nada, tan real como su autor, el canario Antonio Bermejo, que tras ganar el Premio Benito Pérez Armas en 1956 desapareció y nunca fue publicada. Aunque poco conocido, Bermejo formó parte del grupo de los Fetasianos, junto a Rafael Arozarena o Isaac de Vega, pero su condición de homosexual le condujo a la marginalidad y al alcoholismo, viviendo parte de su vida en una casa cueva del barranco de Santos.

javier hernandez
Javier Hernández Velázquez

A medida que la investigación avanza, Mat se topa con los intereses de una de las familias más poderosas de la ciudad y de la Isla, los Bravo. ¿Qué tienen que ver ellos con el libro y los asesinatos? “Mi mente giraba en círculos y tenía la frustrante sensación de que había una conexión que se me escapaba”. El detective santacrucero vive una constante intriga por saber qué hay detrás de aquellos sucesos del pasado. No llegará a saber todo sobre el caso. Solo el lector saciará su curiosidad gracias al regalo que le hace el autor en el epílogo.

Javier Hernández Velázquez convierte al lector en un detective más. El número de personajes, o más bien los lazos que los unen, alimentan el interés y obligan a diseñar una especie de esquema o árbol genealógico para atar cabos y ayudar a Mat a desentrañar parte del asunto. La incertidumbre y las hipótesis que uno construye y derriba capítulo tras capítulo, conforman uno de los atractivos de Los ojos del puente, porque nada es lo que parece y las personas no son quien dicen ser. Una novela nada previsible que mantiene al lector enganchado hasta el final.

A excepción de la escueta primera parte, que ocurre en ciudades de Estados Unidos y Madrid, el escenario fundamental de la novela es Santa Cruz de Tenerife. Javier y Mat nos llevan a su terreno, a su ciudad natal, un lugar que conocen como la palma de su mano y del que añoran su pasado. “Daba la impresión de que la ciudad estaba anclada a una triste mañana de domingo en blanco y negro de principios de los setenta. Pero me engañaba. Nada era igual. Incluso el quiosco de la plaza de La Paz lo abren a las diez, como si fuera una boutique de la zona Centro”. Hernández Velázquez no ha necesitado inventarse un universo para crear historias, tiene Santa Cruz y con eso le basta y le sobra. Una capital de provincia donde aparentemente no ocurre nada, pero que si uno mira a través de los ojos del puente, puede encontrarse muchas sorpresas.

Santa Cruz es una ciudad amada y odiada pero, como reza la dedicatoria del autor, “sin ella no logro definirme, ni explicarme”. Es curioso que, a pesar de las diferencias entre los distintos personajes de la trama, todos tienen sentimientos en común del lugar que habitan. “Salió a la calle, volvía a cogerle el pulso a Santa Cruz. Cualquier sitio es mejor que la cárcel. Santa Cruz es una ciudad dramática. Hay que tener un espíritu trágico para poder quererla”.

Los ojos del puente es la última novela de Javier Hernández Velázquez, ganadora del IV Premio Wilkie Collins de Novela Negra, en la que reconocemos a su autor por su crítica social, sus ironías, referencias cinematográficas, musicales y su habitual empleo de anglicismos. “El alcohol me hacía albergar esperanza y creer en un mundo más justo y más limpio, en el que un hombre y una mujer podían crear una familia en paz… Just an illusion”. En esta entrega vuelve a apostar por el personaje que encarna Mat Fernández, un detective privado muy singular que, al no tener nada que perder en la vida, se mete en líos con mucha facilidad. Un hombre que no perdona sus vicios, las mujeres, el whisky Jack Daniel’s (of course) o el tabaco, pero que trata de hacer un poco de justicia para mejorar la sociedad de la que forma parte y hacer de Santa Cruz una ciudad menos negra, pero inevitablemente gris, donde la lluvia no dice nada.

No hay comentarios

Dejar una respuesta