Página oficial: In the Hearth of the Sea

Autor: Pablo Pérez

Hace poco más de una semana se estrenó en cines En el Corazón del Mar, una película grabada en diferentes localizaciones, entre las que destacaron las de Canarias, y en especial, en Playa de Santiago, La Gomera. Un filme que cuenta con lujo de detalles lo que fue la verdadera historia que inspiró la obra de Moby Dick. Asimismo, estoy seguro que tanto para mi, como para el resto de personas que vivimos todo aquello desde adentro, fue algo que si no imposible, será difícil que podamos olvidar, una experiencia un poco extraña e increíble, pero de la que pudimos formar parte.

Recuerdo que unos meses previos al comienzo del rodaje mucha gente no se lo creía (entre los que me incluyo), nada estaba claro y todo eran meras  suposiciones, nada se concretó hasta que ya era algo oficial.

La Gomera en su conjunto tiene localizaciones espectaculares, y era normal que hubieran decidido grabar allí parte de la película, pero pese a que esta decisión fuera algo “normal” se te hace raro pensar que vas a poder ver a estrellas del mundo del cine caminando por las calles de tu pueblo durante la tarde de un domingo cualquiera. Uno o dos meses previos al comienzo del rodaje de la película se llevó a cabo un casting en mi pueblo, en Playa Santiago, lugar seleccionado entre todos los de la isla para conformar el centro neurálgico de toda esta experiencia hollywoodiense. Yo, como no, y como gran parte del pueblo e incluso de la isla en sí, decidí ir a probar suerte. Dos fotografías, mis datos y botella de agua en mano, eso fue todo. Simple y rápido, no como la cola de hora y media que tuvimos que esperar más de uno allí presente. La decisión de ir a dicho casting no fue del todo mía, y es que en realidad no iba a ir pero mi madre (como toda madre) me dio ese empujoncito que a veces necesitamos para arriesgarnos e intentar algo: “no pierdes nada por ir, hazlo” me dijo, y yo, como no, terminé yendo.

Al cabo de unas semanas habían enviado la respuesta de los seleccionados para formar parte de El Corazón del Mar como extras. En cuanto  varios de mis amigos me habían confirmado que tenían sus respectivas contestaciones fui directo al correo para ver en qué culminaría toda aquella idea del casting. La respuesta fue simple, directa y clara, como lo fue el casting:

“Gracias por la paciencia y comprensión por la espera de noticias pero lamentablemente no está seleccionado

Así, en negritas, para que doliera más (y obviamente para que no haya margen de error y pensáramos que sí lo estábamos, lo sé). Lo único que pensé fue “bueno, no perdí nada, al menos lo intenté”.

Cuando ya se me había casi que olvidado que había estado en el casting, cuando ya había vuelto a retomar la realidad en Tenerife, en las aulas de la Universidad, me llama un número extraño, y yo, como persona responsable y precavida que soy, lo cogí.

-Buenos días señor Pablo, le llamamos de la empresa encargada de llevar a cabo el casting en el que usted participó hace unas semanas en la isla de La Gomera. Le queríamos comentar que nos gustaría contar con usted para la película, pero no como extra sino como doble de uno de los protagonistas.

Yo no sabía qué hacer, y más importante qué decir, obviamente era algo que no me esperaba. Que me llamaran para contar conmigo, y encima como doble… imposible. Pero ahí estaba yo, en la cafetería de mi facultad, decidiendo si entrar o no a la siguiente hora de clase, debatiendo si ir al McAuto o coger apuntes, ¿y me saltan con que si quiero hacer de doble de una película de Hollywood? vamos… lo normal en mi día a día.

Tras una conversación que, como era de esperar eclipsó la clase a la que se suponía que debía ir, y a la gastroexcursión a la que quería ir, el resultado fue un:

-Sí, mañana estaré allí.

Y nada, mientras algunos amigos se reían de mí diciendo que era muy buena excusa para irme de clase, yo solo pensaba en el “no pierdes nada por ir, hazlo” de mi madre.

Una vez llegué a La Gomera pasó todo muy rápido, vestuario, medidas, presentación de los compañeros del grupo de dobles, tanto los que éramos de aquí como los que conformaban el grupo de especialistas de la Warner y visita guiada por lo que serían nuestros camerinos para los próximos días, semanas o meses, no lo tenía nada claro. Y por último, como guinda del pastel, me tocó pasar por maquillaje, ese sitio donde entras siento una persona y sales siendo un personaje… y en mi caso, no sabía bien hasta qué punto saldría siendo personaje. Allí estaba la señora encargada de organizar todo aquello, y le había tocado hacerme «revisión» para ver si mi aspecto se adaptaba a lo que se suponía que necesitarían. Y ella, muy sutilmente, casi con vergüenza, pena o disimulo, a día de hoy no lo sé, me comentó muy sutilmente:

-No sé si te va a gustar la idea o no, pero te vamos a tener que afeitar la cabeza.

Todo ello en inglés, por lo que desde lo más profundo de mi ser recé para que hubiera entendido mal, por lo que con una sonrisa disimulada, de esas sonrisas inseguras que a todos nos han sacado alguna vez respondí:

-¿Cortar, se refiere a que me tienen que cortar el pelo verdad?

-No no, afeitar. Vas a tener que usar una peluca, el actor al que doblas tiene mucha más frente que tú, por lo que la peluca ha de comenzar desde aquí.

Señalando lo que hasta ese momento había sido mi pelo.

No sé si por los nervios o por el compromiso y ganas de trabajar en todo aquello sin dudarlo dije que sí, asimilé que era una minucia comparado con todo lo que conllevaría formar parte de aquello. El resultado, bueno, no sé cómo explicarlo ni describirlo, pero si han visto Harry Potter, era algo más parecido a Voldemort que al Pablo que había entrado en maquillaje media hora antes. Justo terminando de darme los últimos retoques, o afeitados, o lo que fuera aquello, se acercó un niño a preguntarle algo a la maquilladora y mientras se quedaba mirando desde la puerta se dirigió a mí diciendo que no me quedaba mal. Acto seguido la señora le dijo que se fuera, ya que la decisión de aquel corte («erradicación de cualquier indicio de pelo» lo hubiese llamado yo) no había sido mía, sino por las exigencias de lo que sería mi papel. El no dijo nada más, se limitó a despedirse y retomar de vuelta el mismo pasillo por el que había venido. Lo gracioso fue que al girarme para despedirme como era debido, me di cuenta que era Tom Holland, el actor más joven de la Primera Unidad, y el que se convertiría en el próximo Spiderman. Escribiendo esto me acabo de dar cuenta que Spiderman dio, por deber o educación, no lo sé, el visto bueno a mi rapado, al menos me quedo con eso.

Sin lugar a dudas el rodaje de una película de tales dimensiones en La Gomera, y especialmente en Playa de Santiago fue un boom para la economía del lugar. Las calles y terrazas de los bares llenas, caras nuevas, famosas y no tan famosas, pero nuevas al fin y al cabo. El muelle del pueblo se transformó en la base donde guardaban todo el material, lanchas, cámaras, trailers, material de grabación, de todo.

Una de las cosas más graciosas que recuerdo fue que una tarde, estaba esperando a unos amigos para ir a tomarnos un café en La Chalana, una terraza a pie de playa que se convirtió en el lugar favorito de muchos de los actores y del propio director. En medio de esa espera, pasó una niña delante de mi, de no más de 3 años caminando, con ese vaivén de los niños de su edad, y yo, como buena persona de pueblo pensé “esta niña no es de aquí, no la conozco”. Tras seguirla un par de metros con la mirada, vi que una mujer la agarraba y la cargaba, me detuve para ver quién era la señora y bueno, algo me sorprendió, no voy a negarlo, darme cuenta que era Elsa Pataky… nadie en su sano juicio aceptaría lo que estaba viendo como algo normal, y bueno, yo, tras evitar un ictus y asimilar que no sería la primera vez que la vería rondar por allí, volví a hacer caso omiso de tal extraña situación.

El trabajo que desempeñamos los dobles y especialistas durante el rodaje fue hacer escenas en las que la cámara no nos grabaría de frente ni desde ninguna distancia en la que se pudiera notar que obviamente, no éramos los protagonistas. Remamos, nadamos, trepamos, remamos, remamos y volvimos a nadar, casi como el villancico.

Pese a la cantidad de comida que estaba a nuestra disposición y tras nuestro primer día de rodaje algo me dijo que no, frente a todo pronóstico no íbamos a engordar. Fue un día largo, casi 9 horas alternándonos entre botes, barcos de remo y lanchas. Mientras volvía a tierra era como si estuviera empezando a asimilar todo lo sucedido e intentando entender, cómo tras tantas horas fuera, no estaba cansado, ni lo más mínimo, quizás por el estado de embriaguez o shock en el que me encontraba tras todo lo visto y vivido ese día, o al menos eso creía… otro gallo cantó en cuanto me acosté en mi cama a las 8 de la tarde.

Fueron varias semanas en las que prácticamente mi vida era despertarme, grabar y dormir, eso sí, en mi vida había disfrutado tanto de algo. Nunca he sido de salir en cámara, es más, a día de hoy sigo sin serlo pero aquello era diferente, no disfrutabas por el hecho de saber que te estaban grabando, era obvio que nadie sabría que eras tú, a un doble nunca se le reconoce, disfrutabas por la experiencia acompañada, por suerte, de varios amigos que compartimos rodaje. Días cuya dureza solo era equiparable a la emoción de ver en acción a actores de la talla de Chris Hemsworth, Cillian Murphy o Frank Dillane. Normalmente la Unidad 1 (de actores principales) rodaba por un lado, y nosotros la Unidad 2 (compuesta por dobles) grabábamos por otro. Salvo dos días, uno en el que Chris Hemsworth vino con nosotros a rodar (recuerdo que cuando lo vimos aparecer en una lancha en medio del mar, bastante lejos de la costa por cierto, un amigo y yo nos miramos diciendo “no me creo que vaya a rodar con nosotros”) y otro día en el que tuve que hacer una escena bajo las especificaciones directas de Ron Howard, el director de la Película, una escena en la que estábamos nadando después de haber volcado nuestro bote, mientras más de 7 lanchas y barcos cargados de cámaras, focos y miembros del rodaje nos guiaban y explicaban lo que debíamos hacer, y yo, intentando nadar con toda la ropa, el material de seguridad y maquillaje que llevaba, a la vez que luchaba con mi peluca para que esta no me dificultara ver lo que tenía delante.

Como estas hay cientos de momentos que podría comentar, cientos de conversaciones dignas de parafrasear y decenas de conocidos, varios con las que ya tenía trato, y otros muchos con los que no, que hicieron de toda esta experiencia lo que fue, algo difícil de creer si un año antes me afirmaban que formaría parte de la misma, una especie de locura complicada de creer, complicada de asimilar una vez dentro pero sobre todo imposible de olvidar una vez acabó. Digamos que fue una locura con guión y director.

2 Comentarios

  1. Desde esta hermosa ciudad de Chia, a pocos kilómetros de Bogotá Colombia, donde la vida nos ha traído y alejado fisicamente de la familia, vaya nuestras mas sinceras felicitaciones y alegrías por tus logros conseguidos, nuestros corazones siempre estarán contigo y los nuestros, Felicidades mi querido SOBRINO, que la luz de los éxitos siga iluminando tu camino, mil Bendiciones mi querido PABLITO, un abrazo y un beso enorme, TU TÍO FERNANDO

  2. Que bello Pablo, muchísimo éxito!!! Esta es una de las grandes aventuras que te esperan. Un beso. Tere ?

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