Autor: David Lorenzo

En pleno siglo XXI son constantes los programas de Superestructuras donde se ve como se construyen grandes obras que dejan sin aliento a cualquiera y que cambian la forma de entender la ingeniería. Algunos casos como las islas artificiales que se han ido creando en Dubai, donde se han construido viviendas de lujo que luego se venden a grandes magnates. Una de ellas tiene forma de palmera y la otra representa todos los continentes del mundo, una imagen aérea espectacular.

¿Pero realmente la creación de islas artificiales es algo tan nuevo como pensamos? Pues realmente no, ya que podemos ver como gran parte de Venecia se sostiene sobre pilares de madera que une un archipiélago de pequeñas islas que empezó a ser habitado durante la Edad Media. Sin embargo más impactante resulta la existencia de una ciudad construida en el centro de un lago en el siglo XIV como fue la legendaria Tenochtitlán. Dicha labor recayó en los méxicas/aztecas, que seleccionaron este lugar al ser indicado por los dioses como el más adecuado según su mitología. Esta isla en medio de un lago impresionó  incluso a los conquistadores españoles en el siglo XVI. Y no es para menos puesto que una civilización enclavada en lo que correspondería al Neolítico europeo había conseguido la tecnología necesaria para poder diseñar un espectacular conjunto.

Mapa de Tenochtitlán de un libro publicado en 1524. Propiedad de la biblioteca Newberry de Chicago

Para que se entienda su magnitud hay que ver que no estamos hablando de una pequeña isla artificial construida en medio de una laguna sino una gran urbe de en torno a trescientos mil habitantes que se localizaba en el lago Texcoco, que cuenta con más de dos mil kilómetros cuadrados de superficie. Era tal la población que había en este espacio que muy pocas ciudades europeas de la época llegaban a ser tan grandes como Tenochtitlán. También espectacular es que aunque los vestigios mexicas o aztecas fueron sepultados tras la conquista sobre estos restos fue construido una nueva ciudad, capital del que sería el Virreinato de Nueva España y actual capital de México: México DF, que sigue cimentando su casco histórico en la misma base, compuesta por una mezcla de piedra, arcilla y argamasa sujetada por grandes pilares de madera al fondo del lago.

Dicha isla artificial contaba con varias calzadas de acceso, igualmente artificiales, para garantizar la entrada y que a su vez servía para proteger la capital del imperio Azteca. Por estas mismas entradas accedió Hernán Cortés y su ejército a la capital, donde fueron recibidos por el Emperador Moctezuma, quien les permitió entrar a Tenochtitlán pensando que eran los dioses que venían a ocupar el trono mexica como había predicho sus leyendas (algo que sin duda Cortés aprovechará al máximo para conseguir conquistar el territorio).

Ciudad de México en el siglo XVII construida sobre los restos de Tenochtitlán

Por otro lado también contaba con otros elementos tecnológicos importantes para la pervivencia de una ciudad en medio de un lago, como era un gran dique que servía para evitar las inundaciones durante las crecidas del lago y zonas de cultivo sobre él (las chinampas) que llegaron a ser tan productivas por su fertilidad que muchas veces permitían tener excedente de productos a pesar de tener tantos habitantes.

En el centro de la isla artificial se encontraba la plaza principal, donde se localizaban las grandes pirámides, que eran templos a la divinidad también empleados para estudiar los astros, algo que les permitió mejorar la astronomía de los mayas (van a diseñar calendarios muy avanzados, con los que llegaron a predecir eclipses solares y lunares con gran precisión). Dichos templos, de gran tamaño, eran una extraordinaria obra de ingeniería, ya que con sus varias toneladas debían cimentarse varios metros sobre el lago sobre pilotes de madera que debían estar perfectamente colocados para que no se hundiera.  Hoy en día se pueden visitar las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlán.

Restos del Templo Mayor de Tenochtitlán
Licenciado y apasionado por la historia. Me encanta escribir artículos sobre curiosidades históricas. También de temas que llamen la atención que voy encontrando por aquí y por allá.

No hay comentarios

Dejar una respuesta