Llega esa época del año en la que todo el mundo, o al menos lo parece, va a correr alguna San Silvestre. Las redes sociales comienzan a llenarse de fotos de personas que conoces y a las que nunca habías visto correr, que ya tienen su dorsal preparado, han comprado tenis nuevos o han entrenado ese recorrido urbano de 5km tan difícil de recordar unas 14 veces.

Es cierto que las carreras de San Silvestre, en su gran mayoría celebradas durante el día de fin de año, son siempre una buena oportunidad tanto para realizar la última carrera del año como para disfrutar con amigos o sacar el disfraz de Papá Noel de paseo. Además, dándole una vuelta de tuerca, creo que en muchos casos la San Silvestre supone ese comienzo de año nuevo que muchos desean, ese cambio a mejor que solemos iniciar aprovechando el final de un año y el comienzo de otro. El problema, sin embargo, radica en que la motivación para empezar no es suficiente, y se requiere constancia y voluntad para seguir, hasta que un día, casi sin darnos cuenta, hemos automatizado ese comportamiento y se ha convertido en un hábito. Pero no nos engañemos, cambiar de hábitos cuesta, especialmente porque exige tiempo, y vivimos en una sociedad marcada por la cultura del “tiene que ser ya y fácil”.

La creación de un hábito implica, principalmente, la repetición del comportamiento que se pretende incorporar a nuestra rutina. A medida que somos persistentes, una nueva actividad, como salir a correr, se comienza a automatizar y somos cada vez más eficientes y necesitamos una menor conciencia sobre nuestro desempeño. En otras palabras, la automatización hace que seamos mejores en lo que hacemos y nos libera de un esfuerzo mental continuado durante la actividad. Por tanto, el factor temporal es fundamental para producir cambios duraderos en nuestra vida. Pero, ¿cuánto tiempo lleva formar un hábito?

Un estudio realizado por Phillippa Lally y su equipo, del University College de Londres, indica que se necesitan una media de 66 días para convertir una nueva actividad en un hábito. Añade, además, que se requiere más tiempo para crear el hábito de acciones más complejas, como practicar ejercicio físico, que de otras más simples como comer más fruta o incrementar la cantidad de agua que bebemos. Por último, estudia el papel de las omisiones en el proceso de automatizar una actividad, con un resultado claro: dejar de realizar 1 día nuestra rutina no afecta al proceso de creación del hábito.

Foto vía Instagram: @baranikmr
Foto vía Instagram: @baranikmr

Son 66 días, sí, pero es una gran noticia si tenemos en cuenta que está en nuestra mano iniciarnos en ese deporte que nos atrae, cambiar nuestros hábitos alimentarios o empezar a meditar, por poner algunos ejemplos. Para ello sólo tenemos que aprovechar la plasticidad de nuestro cerebro, repetir y repetir la actividad para establecer nuevas conexiones neuronales y construir un nuevo mapa cerebral. Da igual lo que otros piensen o te digan: tenemos la capacidad de cambiar y aprender durante toda nuestra vida y, por tanto, de romper con viejos hábitos y crear otros nuevos que nos gusten más.

Llegados a este punto, hay que destacar que la simple repetición de una acción durante un largo tiempo no nos lleva a crear un hábito: es imprescindible que aquella actividad que tratamos de incorporar conecte con nuestra escala de valores y nos motive, o fracasaremos una y otra vez. Tal y como sucedió en el estudio de Lally, es importante que seamos nosotros quien elija la actividad que empecemos, y que ésta responda principalmente a motivos internos (un estado emocional positivo al llevarla a cabo, la satisfacción por el esfuerzo, etc.), lo cual nos ayuda a persistir en el empeño para su consecución. Si correr no te gusta, por mucho que te esfuerces en realizarlo muchos días seguidos, terminarás abandonando al no encontrarle sentido.

Hoy no es lunes ni día 1 de enero, pero tampoco hace falta para emprender el cambio. Te hago algunas recomendaciones para que des el paso:

  • Reflexiona sobre tus objetivos y escoge uno con el que comenzar. No conviene intentar cambiar demasiadas cosas a la vez.
  • No procrastines. Una vez elegido el objetivo, decide una fecha y comienza. Los primeros 10 minutos de carrera serán siempre los más difíciles, pero ya habrás roto varias barreras por el camino: madrugaste o buscaste un hueco durante el día, te preparaste, saliste de casa, etc. Estás en el camino.
  • Vence a tu voz interior. Nuestro cerebro desea permanecer el máximo tiempo posible en la zona de confort, en la cual no hay esfuerzo ni cansancio, pero tampoco mejora. El hábito requiere de la repetición, así que evita todas las excusas y sigue adelante.
  • Busca el sentido de la actividad. Ya sea por mejorar tu estado de salud o tu apariencia física, por las experiencias gratificantes que obtienes cuando la haces o por los lugares que te permite conocer, la actividad deberá conectar con algo importante en ti para que se convierta en parte de tu estilo de vida.

Si corres alguna San Silvestre, espero que disfrutes y alcances tu objetivo. Si te estás planteando pasar al “lado oscuro”, no lo pienses más, éste es un buen momento. ¡No te arrepentirás!

Twitter: @masquecorrer

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