Autora: Arancha del Castillo

Si en estos días hiciéramos una encuesta a los niños y niñas de nuestro entorno descubriríamos, o más bien confirmaríamos, que sus deseos para la noche de reyes son bien diferenciados.

Ellas quieren muñecas -de todos los tamaños- a las que cuidar, princesas con las que identificarse, productos de cosmética, accesorios de moda, casitas que mantener a punto o que transformar para una fiesta especial o personajes que encarnen profesiones orientadas al servicio y cuidado de los demás.

Ellos prefieren juegos con los que puedan explorar, investigar o crear; superhéroes o personajes que realicen profesiones de riesgo como bomberos, policías o militares; utensilios que les permitan moverse, arriesgar, luchar o competir…

Esta dicotomía tiene su equivalente en las jugueterías donde dos pasillos cercanos pero perfectamente diferenciados dividen el camino de niños y niñas a su entrada en las tiendas. Para ellos, el de los azules, grises, negros y metálicos (fuerza, eficiencia, valentía…) y para ellas, el de los rosas y resto de colores pastel (dulzura, cuidado, delicadeza…).girl-171207_960_720

¿Responde la elección de niños y niñas a una distinción biológica? Parece obvio que no. De hecho, cuando dejamos a niños de corta edad interactuando en un entorno de juguetes variados, libres de la mirada curiosa y/o preocupada de sus padres, ellos no hacen feos a ninguno y lo que más les divierte es, precisamente, ir cambiando de uno a otro. Esta ingenuidad se transforma a los pocos años (4-5), pues los pequeños interiorizan rápidamente lo que se valora socialmente -como buenos supervivientes que son. Aprenden a imitar y reproducir fielmente lo que observan en su casa, en la calle, en el colegio o en la publicidad y asimilan que si se comportan de ese modo recibirán la aprobación de sus padres y de otros adultos significativos. Y de esta manera el juego y los juguetes constituyen uno de los elementos perpetuadores de la división de roles discriminatoria por sexo de nuestra sociedad.

Y es que aunque nuestra sociedad haya hecho avances y cambios importantes (por ejemplo con la incorporación de la mujer al mundo laboral), los juguetes no lo han hecho al mismo ritmo y continúan reproduciendo estereotipos de hace dos décadas. Poco a poco aparecen algunos para niñas en los que se contempla el papel de la mujer independiente y resolutiva, pero todavía no he tenido la experiencia de encontrar juguetes para niños que se orienten al cuidado de los hijos o del hogar ¿nadie les ha dicho que después tendrán que cambiar pañales y barrer el salón?

¿Qué implica esta diferenciación sexista de juguetes? Además de mantener la estructura tradicional y patriarcal en la sociedad, a nivel individual no hay que olvidar que el juego es un elemento educativo indispensable a través del cual el niño se desarrolla a diferentes niveles (motricidad, actitudes, capacidades, etc.). El tiempo dedicado a jugar es un tiempo en el que el niño aprende, explora, crea, desarrolla la creatividad e interioriza valores. Limitamos los juguetes a los que puede acceder en función de su sexo. Así estamos limitando también sus oportunidades para adquirir y poner en práctica ciertas habilidades y capacidades (como la de cambiar pañales). Las niñas parecen tener menos reparo para participar en “juegos de chicos”, mientras que ellos lo ven como algo más negativo, una vez más, reflejo de lo que sigue ocurriendo a mayor escala en el mundo adulto.play-933478_960_720

Es muy difícil cambiar de golpe y porrazo todo el elenco de valores que se ha ido confeccionando con tan mimado esfuerzo. Sin embargo, sí que podemos actuar a menor escala desde casa, con los pequeños que tenemos más cerca. Algunas de estas medidas pueden ser: elegir juguetes que permitan el juego independientemente de si son niños o niñas, favorecer el intercambio de papeles y roles en los mismos, evitar la valoración negativa del niño cuando este opta por juegos tradicionalmente asociados a los del sexo opuesto y, en cambio, favorecer que haga uso de estos; atender al tipo de imágenes y mensajes que transmite el juguete, de manera que no fomenten los estereotipos sexistas; y, de manera general, escoger juegos que fomenten la cooperación entre iguales, la curiosidad, la creatividad o la capacidad de pensar y que, al mismo tiempo, resulte divertido y motivador para el niño.

Cuanto más rico y variado sea el ambiente de juego más oportunidades de crecimiento les estaremos proporcionando. Y lo más importante, no podremos cambiar la sociedad si nosotros no predicamos con el ejemplo de aquello que queremos transmitir. Como adultos, somos un referente para los niños y si estos ven que no hay diferenciación discriminatoria de roles entre nosotros el cambio será mucho más fácil.

¿Qué? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? De momento psicoterapeuta. A medio camino entre Tenerife y Barcelona. Acompaño a las personas en su proceso de cambio hacia un estado de mayor bienestar a través del apasionante mundo de la psicología. Me encanta bucear por los recovecos del funcionamiento humano y contribuir con herramientas a que este sea lo más satisfactorio posible.

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