Cuando era pequeño jugué al fútbol un par de años. Pensando en aquella época, me vienen a la mente dos cosas: mi primera temporada, creo que éramos alevines de 2º año, en la cual perdíamos todos los partidos por una media de 8 goles pero nos lo pasábamos genial; y los días de reconocimiento médico al comienzo de temporada, de los cuales sólo recuerdo la larga espera, porque el reconocimiento en sí, y aunque obligatorio, no servía para nada ya que salvo pesarnos y medirnos no abarcaba muchos más aspectos. Independientemente de la edad que teníamos y de que era otra época, y aunque puedan haberse mejorado con el tiempo, me quedo con la idea de que para jugar de forma federada ya existían unos requisitos médicos mínimos y obligatorios.

En el mundo de las carreras, a nivel amateur, no es así. Con el boom del running y la multiplicación de pruebas deportivas cada vez es más común el “más larga”, “con más desnivel” o “más dura”, y cualquiera puede pasar en apenas 1 año de sedentario a la línea de salida de una ultramaratón de 70-80km movido por la euforia. Y remarco lo de “a la línea de salida”, porque no todos podemos, sin la preparación necesaria previa, afrontar con éxito y sin riesgo para la salud una prueba de larga distancia. Se ha perdido el miedo a la distancia o a la dureza de las competiciones, y para colmo muchas carreras o no piden ningún tipo de certificado médico que acredite nuestro estado de salud o aceptan unos muy genéricos que no incluyen ninguna prueba diagnóstica mínima, y se obtienen pasando por caja. En definitiva, puede darse el caso de que nos enfrentemos a retos de gran exigencia como una maratón o una ultramaratón sin haber pasado una ITV de nuestro motor nunca. Si los coches del Dakar o de Fórmula 1 tienen decenas de personas cuidándolos, ¿no deberíamos hacer algo para asegurarnos de que nuestro cuerpo está preparado para llevarlo al límite?

Foto vía cardioaguiar
Foto vía cardioaguiar

El pasado mes de noviembre, un joven corredor de 31 años, aparentemente sano, falleció por una parada cardiorrespiratoria nada más cruzar la línea de meta en la famosa Behobia-San Sebastián, de poco más de 20 kilómetros y, por desgracia, escenas como esta se repiten de vez en cuando en carreras populares en muchas ciudades del mundo. La propia Behobia, o maratones como los de Madrid, Barcelona o Nueva York no exigen un certificado médico a sus participantes, aunque si lo aconsejan en su reglamento. Por otro lado, el maratón de Roma o la Ultra Trail del Mont-Blanc, entre otras, exigen de forma obligatoria para validar la inscripción un certificado médico específico.  Al hablar de obligatoriedad surge la suspicacia de que se exige como negocio o como forma de que las organizaciones o las compañías aseguradoras se laven las manos en caso de que suceda alguna desgracia, pero no nos paramos a pensar que si no nos obligan somos pocos los que por nuestra cuenta tomamos la decisión de examinar nuestro sistema cardiovascular para disfrutar de lo que nos gusta minimizando los riesgos al máximo.

A pesar de que la incidencia de muerte súbita no es alta, entre 0,5-3/100000 corredores/año, los especialistas en Medicina del Deporte apelan a la concienciación de los corredores, independientemente de que se acabe instaurando en un futuro como obligatorio para federarse o para inscribirse en algunos eventos, puesto que la prevención es la única forma de evitarla y, aunque no existe riesgo cero, los reconocimientos médicos periódicos ayudan a prevenirla en aproximadamente un 90%. Por tanto, sería recomendable un chequeo deportivo que incluya: historia clínica, exploración física, electrocardiograma, ecocardiografía y prueba de esfuerzo.

Foto vía Instagram @zonamedica
Foto vía Instagram @zonamedica

 

Personalmente, no estoy seguro de que exigir la realización de reconocimientos médicos específicos sea la solución, ya que es difícil definir a partir de qué distancia o edad y con qué frecuencia, y podría provocar que los corredores decidieran colarse en determinadas carreras sin dorsal o, lo que es aún peor, que disminuyera la práctica de este deporte por la imposibilidad de asumir los costes de los mismos. Sin embargo, las federaciones deportivas (atletismo, deportes de montaña, triatlón, etc.) deberían trabajar aún más en el fomento de la prevención y facilitar los chequeos médicos a sus miembros. Es cierto que acercar los reconocimientos médicos a todos los deportistas tiene un coste elevado, pero podría reinvertirse parte de la cuantía que pagamos por las licencias federativas en ello e, incluso, creo que no me equivoco demasiado si digo que muchos estaríamos dispuestos a asumir un incremento razonable del precio de las mismas a cambio de beneficios para nuestra salud como chequeos deportivos básicos gratuitos o descuentos en estudios más específicos.

Mientras no se regularice, yo lo tengo claro: prevención. Recientemente, como paso previo a correr mi 2ª ultramaratón, acudí a un centro especializado a realizarme un chequeo deportivo completo y el esfuerzo económico no dolió ya que el profesional dijo que todo estaba en orden y me encontraba fuerte y preparado. Además, mi autoconfianza se disparó al sentir que estaba haciendo todo lo posible para practicar deporte de forma segura.

Si gastamos cientos de euros en material deportivo, ¿no crees que sería recomendable invertir dinero en salud y certificar que nuestro corazón está en condiciones para afrontar nuestros retos deportivos?

Twitter: @masquecorrer

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