El 28 de septiembre de 2014, en Berlín, el Santo Grial de los maratones, el keniano Emmanuel Mutai realizó la carrera de su vida, terminando los 42,195 kilómetros en 2:03:13, una cifra impensable hace unos años. El único problema para Mutai en aquella carrera fue un compatriota suyo, Dennis Kimetto, que le atacó en el kilómetro 38 para dejarle sin victoria en Berlín y sin récord del mundo, que quedó fijado en 2:02:57. ¿Crees que Mutai cumplió sus objetivos en la carrera? Supongo que hacer la 2ª mejor marca de la historia y rebajar tu marca personal el día que otro corredor está aún más inspirado que tú duele un poco, pero si le hubieran preguntado antes de la carrera, la respuesta hubiera sido afirmativa.

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Foto vía wikimedia

Nuestro protagonista, que en el ejemplo anterior no es el vencedor ni el que se llevó todas las fotos rompiendo la cinta, nos muestra dos de los tres tipos de objetivos que se puede fijar un deportista. En primer lugar, y teniendo en cuenta que hablamos de atletas de élite, existe siempre la meta de resultado, que pone el énfasis en el desenlace final, en este caso ganar la carrera, cuyo logro depende en gran medida de los demás competidores y puede no cumplirse si, como pasó en Berlín en 2014, alguien decide tener su mejor día el mismo día que tú. Por otro lado, la meta de rendimiento supone alcanzar un nivel determinado, a poder ser mejorando los propios registros previos, y Mutai la consiguió con creces. Además, existe un tercer tipo de objetivo, las metas de proceso, que implican todas aquellas acciones a las que se tiene que comprometer un deportista para rendir bien, como cumplir con el plan de entrenamiento o descansar bien la noche antes de la competición.

Todos, no sólo en el ámbito deportivo, y a todos los niveles, debemos establecer objetivos, y es necesario combinar los tres tipos de metas para mantener una elevada motivación y ser más efectivos en aquello que hagamos, pero se debe prestar una especial atención a las metas de rendimiento y proceso, ya que los no profesionales buscamos el aprendizaje, la mejora o la diversión, y las victorias y las medallas olímpicas se las juegan muy pocos.

Ahora sí que ya no hay excusa, estamos en la segunda semana del año, la Navidad ha quedado atrás, y es momento de poner en marcha los propósitos de año nuevo que nos fijamos, ya sean comenzar a realizar deporte, hacer nuestra primera carrera popular o subir un peldaño nuestra exigencia competitiva para la nueva temporada. El cambio es posible y no lleva demasiado tiempo, como mencionamos en una entrada anterior, con lo cual debemos marcarnos nuestro objetivo de forma clara como primer paso para alcanzarlo pero, ¿sabemos establecer objetivos?

Generalmente todos identificamos sin problema nuestros propios objetivos, pero fallamos a la hora de definir metas correctas, que nos motiven y nos faciliten su cumplimiento. Recuerda que lo difícil no es empezar sino mantenerte la constancia para crear el hábito, ¿o no te suena eso de “lo empecé pero a los pocos días abandoné”?

Foto vía Instagram: @jillserrano
Foto vía Instagram: @jillserrano

Para ayudarte a definir de forma correcta tus objetivos y para que puedas comprobar su evolución hasta cumplirlos, te propongo que recuerdes la palabra inglesa SMART, que significa inteligente, y cuyas letras de forma individual sirven para definir las 5 características que debe tener un objetivo para que sea efectivo:

  • Específico (Specific): “En el 2016 quiero mejorar mi estado de forma” o “quiero bajar de peso”, son frases bastante frecuentes, pero condenadas al fracaso. ¿Qué es estar en mejor forma?¿Cómo sabrás si vas en buen camino? Los objetivos deben ser específicos: “quiero volver a estar en 65kg”.
  • Medibles (Measurable): Es necesario que se pueda cuantificar aquello que queremos mejorar, ya que en caso contrario no sabemos si nos acercamos o alejamos del objetivo. No es suficiente con decir “quiero mejorar mi ritmo en los entrenamientos”. Sería más apropiado decir “quiero ser capaz de correr a un ritmo de 5:00 por kilómetro”.
  • Alcanzable (Attainable): Para que sean efectivas, las metas deben suponer un desafío para el deportista, pero deben ser realistas, para que puedan ser cumplidas. Plantearse correr un maratón al ritmo de los keniatas no supone un reto, sino un suicidio, y se abandonaría la práctica rápidamente al ser consciente de que es imposible. Ocurre lo mismo si comenzamos a ir al gimnasio por primera vez y nos proponemos ir todos los días, por lo tanto sería más realista fijarnos el objetivo de asistir 3 días cada semana.
  • Relevante (Relevant): Si nuestro objetivo no encuadra dentro de nuestros valores o nuestros intereses, será imposible que lo logremos. De aquí la importancia de ser nosotros quienes los fijemos y le demos el sentido necesario. No se puede empezar a correr porque nuestra pareja o amigos lo hagan si no le encontramos sentido alguno.
  • Limitados en el tiempo (Time-bound): ¿Cuándo queremos lograr la meta? Si no definimos de forma precisa en qué espacio de tiempo queremos conseguir el objetivo es muy fácil que se prolongue, y además no sabremos valorar la evolución ni si se van cumpliendo los plazos. Un ejemplo podría ser: “necesito bajar los 2kg que subí en Navidades en 1 mes”.

Acabo con un poema anónimo que resume de forma perfecta la importancia de fijar objetivos eficaces.

“Los fracasos en la vida no se encuentran en no alcanzar tus metas,

sino en no tener metas que alcanzar.

No es una calamidad morir sin realizar los sueños,

pero si es una calamidad no soñar.

No es una desgracia no alcanzar las estrellas,

es una desgracia no tener estrellas que alcanzar.”

 

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