La ciencia que trata de estudiar cómo reacciona el cerebro humano ante una campaña publicitaria o de comunicación y cualquier estímulo que ésta pueda producir recibe el nombre de neuromarketing.

Para poder hablar en profundidad de las aportaciones de esta área del marketing, debemos partir de la base de conocer qué es el marketing emocional, que se sitúa como aquel campo del conocimiento destinado a crear acciones favorables sobre un determinado producto basándose en conexiones emocionales con el consumidor. El ejemplo más claro es la utilización de storytelling en campañas publicitarias, como por ejemplo en los anuncios de la ONCE, Fairy, Coca-Cola, o en campos más abstractos a la par que obvios, como pueden ser las campañas políticas, en cuyo caso en vez de una acción de compra se trata de inducir al voto. En general, podemos observar que hablamos de todas aquellas técnicas que tengan un efecto lacrimógeno o sensibilizador en nosotros a través de una trama que, normalmente, es cercana al público y se siente identificada con esta. A raíz del marketing emocional se ha abierto paso en la actualidad lo que conocemos como neuromarketing.

Según los expertos, podemos definir el neuromarketing como “la aplicación de técnicas propias de la neurología para estudiar los efectos que un estímulo causa en el cerebro de los consumidores”. Como sugiere Patrick Renvoise, consultor de “Sales Brain” en San Francisco (EE.UU.), “es más fácil confiar en las respuestas que visualizas a través de una imagen por resonancia magnética que confiar en lo que la gente te pueda decir”, siendo esta la razón por la cual cada vez más organizaciones confían en este método científico para acercarse a los valores y emociones que les faciliten la posibilidad de crear engagement con sus públicos, dejando de lado técnicas tradicionales como las encuestas o los focus group.neuromarketing cmagazine

Las tres principales métricas que se estudian en este sector son la atención, la emoción y la memoria. En primer lugar, porque el exceso de información lleva a que la atención del público sea un bien muy codiciado; seguido de que las emociones, si son positivas, ponen el éxito al alcance de la mano de las marcas y; concluyendo, por que la perseverancia del recuerdo de una marca en la memoria, aumenta las posibilidades de iniciar una compra.

El simple hecho de que seamos capaces de medir las emociones puede suponer una ventaja competitiva con nuestros competidores, ya que, en cierta forma, no sólo estamos trabajando con los elementos anteriores sino con la fidelidad y motivación que pueden desarrollar nuestros públicos para sentirse parte de la marca e interactuar con ella.

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