Hoy vamos a hablar de un tema delicado ya que muchos correrían peligro si sus padres o pareja supieran la cantidad real que tienen. Sí, esta entrada es sobre zapatillas de correr, y casi seguro que en algún momento has sido parte de este grupo, y si no, lo serás. Tenemos unas para los entrenamientos, unas para competir, unas para la montaña, unas ligeras para las series, etc., y ningún sitio donde nos quepan todas, y aún así cada vez que entramos en una tienda se nos pone la misma cara que Gollum cuando ve el anillo. Suerte que en ocasiones aparece esa vocecilla que nos aparta diciendo: ¿otras más con todas las que tienes?

Que las zapatillas con las que corremos hoy en día no tienen nada que ver con el material que se usaba hace 100 años no es un descubrimiento, por supuesto, pero echa la vista atrás y piensa tan sólo en cómo eran las primeras que tuviste o da un vistazo a algunas viejas que tengas por casa, y nota la diferencia. Cada día más, las empresas del mundo del deporte invierten gran cantidad de dinero en investigación para sacar al mercado zapatillas más ligeras y duraderas, más cómodas, adaptadas para distintos pesos y tipos de pisadas, en definitiva, mejores zapatillas para un mayor rendimiento.

Sin embargo, una vez más tengo que volver al mundo real y pensar que yo, como la gran mayoría de los que corremos, no debemos pensar principalmente en aligerar peso u obtener una mayor reactividad de las mismas para batir el récord del mundo, porque nos queda un poco lejos, sino en escoger unas zapatillas que aporten comodidad y, a poder ser, nos ayuden a evitar lesiones.

Pero, ¿influye el calzado deportivo en las lesiones del corredor? ¿Y si te digo que no? Pues mentiría, pero estoy seguro que los resultados de la revisión realizada por Nigg y su equipo, de la Universidad de Calgary, te sorprenderán.

Entre corredores, las lesiones del miembro inferior se asocian comúnmente a factores como el excesivo kilometraje en los entrenamientos o el tipo de terreno, pero sobre todo al tipo de pisada y al impacto sobre las articulaciones que lleva implícito correr. Veamos con mayor detalle estos dos conceptos.

  • Tipo de pisada: De forma rápida, podemos explicar los tres tipos de pisada como neutra, considerada normal; pronación, que ocurre cuando se carga de forma excesiva en la parte interna del pie y que podemos advertir por un mayor desgaste del calzado deportivo en esa región; o supinación, que, al contrario, implica una mayor carga y desgaste en la parte externa. Durante mucho tiempo se ha relacionado la pronación con las lesiones, y es aquí donde comenzamos a desmontar mitos. En primer lugar, el pie normal no es neutro ya que las investigaciones indican que la gran mayoría de las personas prona de forma ligera. El segundo error es evaluar nuestra “desviación” de forma estática, mediante la observación de nuestra posición descalzos o dejando la huella de nuestra planta sobre un papel, ya que con mucha frecuencia nuestra pisada varía enormemente de estático a cuando corremos. Además, y lo que es más importante, los datos indican que no hay evidencia de que la pronación esté relacionada con una mayor probabilidad de lesiones.
Foto vía helptrainer.com
Foto vía helptrainer.com
  • Amortiguación: Muchas veces se pone demasiado énfasis en que correr es un deporte muy lesivo, que hay que utilizar zapatillas con mucha amortiguación, ya que el constante machaqueo sobre nuestras articulaciones las daña. Otro error. Las fuerzas sobre las articulaciones en el momento del contacto con el suelo son menores que en el momento del despegue, es decir, no es tan nocivo el impacto contra el suelo como lo pintan, y no se han registrado mayor número de lesiones tras correr en superficies duras en relación con otro tipo de superficies. En definitiva, no hay evidencia de que el impacto contribuya a las lesiones del corredor.

Vaya por delante que utilizo zapatillas, distintas según el entrenamiento que vaya a realizar, y que nunca se me ocurriría correr descalzo o con unas huaraches al estilo Tarahumara como las que llevaba un corredor que me pasó en las Deseadas en la pasada Transvulcania y al que nunca volví  a ver, pero los números dicen, en contra de lo que se piensa a nivel aficionado, que ni la desviación de la posición de nuestro pie ni la amortiguación que llevemos se relaciona con las lesiones.

Foto vía Instagram: @frenchguycooking
Foto vía Instagram: @frenchguycooking

 

Entonces, si ni el control de la pronación ni la amortiguación ayudan a prevenir lesiones, ¿tiene sentido todo el dinero que gastamos en zapatillas? Lo tiene, pero vas a tener que esperar unos días…

 

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