¿Has contado ya cuántas zapatillas tienes? Estoy seguro que en algún momento te identificaste con lo de “demasiadas zapatillas y ningún sitio donde meterlas todas”, y aún así tienes algunas en mente. Yo también.

La semana pasada intenté aclarar algunos mitos relacionados con las zapatillas, en concreto que no existe evidencia científica de que la desviación de nuestra pisada o la amortiguación se relacionen con las lesiones en corredores. Bajo estas afirmaciones parecería que estoy criticando la industria de calzado deportivo o que soy un fiel seguidor del barefoot running, y que en cualquier momento subiré una foto a mis redes sociales corriendo descalzo. Ni mucho menos.

Si los paradigmas antiguos de pronación y amortiguación no se consideran válidos, ¿caemos todos en la trampa de seguir buscando zapatillas que se ajusten perfectamente a nuestra pisada o tipo de pie para evitar lesiones? Rotundamente no, ya que cuando probamos calzado nuevo identificamos con facilidad cuál nos sujeta el pie como queremos, cuál nos parece demasiado rígido o blando, si el peso se ajusta a lo que buscamos, etc., en definitiva, cuál nos aporta un mayor confort. Párate a pensar cuántas veces has hablado con colegas sobre zapatillas y varias personas han elogiado unas en concreto, y también cómo siempre hay alguien que ha descartado unas con apenas unos kilómetros porque no le daban “buen feeling”. Ese feeling, o sensación de confort al llevarlas, es una de las nuevas corrientes que se estudian en el ámbito del calzado deportivo y su influencia en las lesiones del miembro inferior. Según ésta, todos los corredores tenemos nuestro propio “filtro de confort” que nos permite elegir las zapatillas que mejor se adaptan a nuestro pie y evitar aquellas más incómodas y potencialmente causantes de lesiones. Los estudios científicos que han evaluado este concepto de confort indican que: diferentes sujetos escogen distinto tipo de calzado como el más cómodo, y de ahí lo de un filtro personal y subjetivo de cada persona; las zapatillas más confortables se relacionan con un menor consumo de oxígeno en comparación con las peor valoradas, y por tanto se vinculan a un mayor rendimiento; y por último, el calzado deportivo considerado más cómodo se asocia con una menor frecuencia de lesiones de miembro inferior relacionadas con el movimiento.

Foto vía Instagram: @brooksrunning
Foto vía Instagram: @brooksrunning

Hagamos, llegados a este punto, un resumen de los datos más relevantes de este artículo y sus implicaciones:

  • El pie “normal” no es neutro, sino ligeramente pronado, por lo que no es necesario corregirlo. Si notamos que algo en nuestro pie no funciona bien al correr, debemos considerar una evaluación de nuestra pisada, pero recuerda que existen variaciones notables entre estática y dinámica. El análisis de nuestro pie deberá realizarlo un podólogo o especialista en biomecánica de la marcha.
  • El impacto de nuestro pie en el suelo no es foco principal de lesiones, por lo que no te obsesiones en buscar zapatillas con una amortiguación prominente, salvo que por su estructura, sujeción, estabilidad u otras características te aporten esa sensación de confort de la que hablábamos previamente.
  • Las plantillas correctoras, cuando son indicadas y realizadas por un profesional, pueden ayudar a corregir alteraciones significativas, pero ni son siempre la solución ni todos las necesitamos, ya que últimamente escucho a demasiada gente con plantillas nuevas, como si fueran una banda para el pelo o una gorra. En ocasiones, una lesión músculo-esquelética puede originar una pisada pronadora o supinadora, y la solución no sería actuar sobre la pisada, sino en la raíz del problema. En este caso haría falta un enfoque más global por parte del podólogo o del fisioterapeuta.
  • Por último, y casi lo más importante, si arrastramos dolor el primer paso debería ser siempre acudir a una consulta de fisioterapia. El profesional de la fisioterapia especializado en lesiones deportivas es el más cualificado para realizar la primera evaluación y determinar el plan de acción a partir de ahí, derivando si fuera necesario. Si acudiéramos, por ejemplo, a realizarnos un análisis de la pisada tras varias semanas con dolor cada vez que corremos, falsearíamos los datos, porque el cuerpo de forma automática adopta posturas antiálgicas, huyendo de aquellas posiciones que más molestias nos provocan, y de esta forma simplemente estaríamos empezando la casa por el tejado: si nuestro análisis de la pisada es erróneo, las plantillas fruto del mismo también, por lo que perpetuaríamos o agravaríamos el problema.

Sé crítico cuando vayas a elegir unas zapatillas y mira un poco más allá del color o quién las promociona. No todos podemos llevar las mismas, así que utiliza tu propio “filtro”, y en caso de problemas con la pisada acude a un profesional, que a buen seguro te ayudará a encontrar la solución.

Twitter: @masquecorrer

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