Los cereales son un alimento básico para nuestra dieta tanto hoy como en el pasado. Con ellos solemos fabricar el pan, básico para la alimentación humana. Tanto es así que por lo general cuando vamos a trabajar decimos que nos estamos «ganando el pan» y en el padrenuestro pedimos a Dios que nos dé «el pan de cada día».

Sin embargo, aunque en pleno siglo XXI consumir pan no supone ningún problema para nuestra salud hace más de una centuria consumirlo podía ser fatal. Esto se debía a la posibilidad que existía de que el pan tuviera micotoxinas (toxinas producidas por los hongos). El hongo conocido como cornezuelo se podía encontrar sobre todo en el centeno, pero también en la avena, el trigo y la cebada.

Este hongo se reproducía cuando los cereales estaban guardados en pésimas condiciones. El lugar más propicio para que se extendiera el cornezuelo era en almacenes que no contaran con ventilación y que fuera un edificio muy húmedo. Por lo general un cereal tiene facilidad a absorber la humedad, lo que lo convierte al grano en un lugar adecuado para que los hongos se propaguen.

Esta enfermedad hoy en día se conoce con el nombre de ergotismo, pero en el pasado era popularmente llamada el Fuego del infierno o Fuego de San Antón. La gente sufría verdadero pavor a ella, sobre todo en la Edad Media (época en la que más se extendió). La intoxicación con cornezuelo era terrible y suponía una muerte horrible:

  • Tanto los pies como las manos se iban pudriendo a causa de la gangrena y necrosis. Los principales síntomas era que el paciente sufriera terribles dolores (daba la impresión que estaban quemándose los miembros, de ahí lo de «fuego») mientras sus miembros se pudrían. Esto obligaba a hacer cosas terribles. Lo más común eran cortar los miembros necrosados para evitar que la infección se trasladara al resto del cuerpo. Sin embargo hasta el siglo XIX la cirugía era un proceso muy peligroso y extremo (ver artículo sobre curiosidades de medicina).
  • El hongo también afectaba al sistema nervioso. Esto significaba que el paciente también sufría alucinaciones. Además eran comunes los espasmos incontrolados. A veces estos delirios podían llevar a una actitud bastante violenta. Por lo general se creía que el enfermo sufría locura y se le trataba de la misma manera. En muchos casos se relacionaron la demencia con la brujería según afirman algunos estudios como los realizados por Linnda Caporael (1976), quien afirma que muchas de las mujeres quemadas en los famosos juicios de Salem podían sufrir ergotismo.

Pero el ergotismo no fue una enfermedad exclusiva de la Edad Media. Así se han encontrado vestigios desde el Neolítico. También existieron varios casos en el siglo pasado. Así se tiene constancia de ergotismo en el año 1926 en los Urales, otro en Manchester en 1928, en 1951 en Pont Saint Espirit (Francia), en la India en 1975 y un último caso en 1977-78 en Etiopía. Afortunadamente el número de muertos, gracias a los tratamientos modernos, fueron menores que en siglos pasados.

Para saber más:

  • Illiana-Esteban, Carlos «El Cornezuelo del Centeno (I): Biología historia y ergotismo». En Boletín de la Sociedad Micológica de Madrid [en línea]. Madrid: Sociedad Micológica de Madrid, 2008. Enlace: http://goo.gl/RGqYfI
  • Illiana-Esteban, Carlos «El Cornezuelo del Centeno (II): Brujería, medicina y contenido en alcaloides». En Boletín de la Sociedad Micológica de Madrid [en línea]. Madrid: Sociedad Micológica de Madrid, 2009. Enlace: http://goo.gl/ajr4SR
  • Quesada Díaz, Antonio; Ortega Díaz, Antonio «El cornezuelo del centeno a lo largo de la historia: mitos y realidades. En Paisaje de la Ciencia. Salud y Enfermedad: presente, pasado y futuro [en línea]. Alcalá la Real: IES Antonio de Mendoza, Nº14, 2011. Enlace: http://goo.gl/7qE1sD.

 

Licenciado y apasionado por la historia. Me encanta escribir artículos sobre curiosidades históricas. También de temas que llamen la atención que voy encontrando por aquí y por allá.

No hay comentarios

Dejar una respuesta