Always #comoniña

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Hace algunos años llegó a mí este curioso vídeo en el que un grupo de personas jóvenes representa como “supuestamente” corre, batea y pelea una niña. Posteriormente tres niñas demuestran cómo la realidad difiere bastante de lo que piensan los primeros.

La imagen de mujer sumisa, dependiente, sensible ante las necesidades de los demás, emocional y centrada en las relaciones y los sentimientos sigue formando todavía parte del imaginario colectivo como aquello esperable y deseable de aquellas que portan los cromosomas XX. Es el rol de género, el conjunto de conductas, actitudes y características asociadas estereotípicamente a hombres y mujeres en una cultura y época concretas. Dicho de otra forma, es lo que socialmente se considera apropiado para cada uno de los sexos. Y subrayo lo de socialmente porque no deja de ser una construcción realizada un grupo de personas en un contexto particular.

Desde pequeños nos bombardean con toda clase de mensajes socializantes (las niñas no se enfadan, los niños no lloran, debes ser fuerte…). Cual esponjas, vamos absorbiendo la información pertinente que llega desde ámbitos diferentes: familia, colegio, publicidad, etc. Y así, poco a poco, vamos asimilando lo culturalmente correcto y construimos nuestra identidad de género. Aunque la mayoría se identifica con el género esperable según su sexo biológico no siempre es así. Muchas personas no terminan de identificarse con esta tradicional dicotomía. Más que hablar de género femenino o masculino parece más plausible hablar de un continuo a lo largo del cual las personas se posicionan. Unos se identificarán más con el polo femenino, otros con el masculino y, la gran mayoría, estará a medio camino.

Sin embargo, salirse de la norma ha sido y, por desgracia, sigue siendo considerado algo problemático hasta el punto de haber dado lugar a un diagnóstico clínico en los principales sistemas de clasificación psiquiátrica (trastorno de la identidad de género).push-ups-888024_960_720

El encorsetamiento que provocan los roles de género afecta tanto a hombres como a mujeres. Aunque su impacto ha sido más visible en la mujer, no hay que olvidar la presión y el rechazo que sufren aquellos hombres que deciden mostrarse sensibles y pacíficos frente al estereotipo masculino de duros, no emocionales y agresivos. De hecho, visto desde ese mismo ángulo, las consecuencias de violar las “normas” son peores para ellos que para ellas ya que cuando una mujer asume características típicamente masculinas (ej. racional, con iniciativa, resolutiva…) se mueve hacia una posición -en teoría- de mayor status. Sea como fuere, actualmente no seguir las normas sigue comportando prejuicio y discriminación y esto tiene impacto sobre la salud y la calidad de vida de las personas.

Las creencias respecto a cómo deben comportarse hombres y mujeres –roles tradicionales vs. igualitariosha ido evolucionando gradualmente en sentido de estos últimos, pero aún persisten vestigios de la visión más tradicional. La actitud que mantienen las personas respecto a las características y conductas que típicamente deben asumir hombres y mujeres tiene relevancia en áreas como la de la violencia de género.

Sería interesante que cada uno de nosotros reflexionara sobre su posicionamiento en el asunto y observara cómo su forma de actuar favorece o corta esta dinámica en su día a día.

¿Qué? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? De momento psicoterapeuta. A medio camino entre Tenerife y Barcelona. Acompaño a las personas en su proceso de cambio hacia un estado de mayor bienestar a través del apasionante mundo de la psicología. Me encanta bucear por los recovecos del funcionamiento humano y contribuir con herramientas a que este sea lo más satisfactorio posible.

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