Si nos contaran la historia de que a Papá Noél le han pillado dopado no pararían de sucederse los chistes al respecto, seguro que se te ha ocurrido alguno, o simplemente no terminaríamos de entender la broma. Como siempre se dice que la realidad supera a la ficción, y espero que esta información no llegue a ningún menor para evitar malentendidos, ésta no se trata de un situación hipotética, ya que el pasado mes de diciembre en una Carrera de Papá Noél al corredor que ganó lo suspendieron por dopaje, concretamente fue sancionado por la violación de un artículo que habla de la “posesión de sustancias prohibidas sin autorización”. ¿Doping en carreras populares? Pues me temo que sí, y lo peor es que parece que no es un caso aislado.

Al abrir la Carta Olímpica vemos en sus principios fundamentales que se asocia el deporte con “un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales”, a lo cual se añaden otros valores del espíritu deportivo como la salud, el juego limpio o el respeto hacia uno mismo y hacia los otros participantes. Basados en estos principios, los que somos amantes del deporte valoramos como grandes hazañas los títulos que consiguen los atletas de nuestro país y elevamos a la categoría de héroes a los múltiples campeones mundiales y olímpicos. Aún recuerdo los 7 Tours que Lance Armstrong (no) ganó, sus exhibiciones en la montaña y contrarreloj, y cómo veíamos a través de la televisión a un súper hombre que, posteriormente, se descubrió como un simple tramposo. Los que creemos que es posible un deporte de élite limpio, experimentamos una sensación agridulce al recibir este tipo de noticias: por un lado se rompe la magia alrededor del mito, y por el otro sentimos la satisfacción de saber que, poco a poco, caen los mentirosos.

Foto vía Instagram: @old_school_cycling
Foto vía Instagram: @old_school_cycling

Desde el año 2003, la Agencia Mundial Anti-dopaje estableció un Código Mundial según el cual una sustancia se considera prohibida si cumple dos de los siguientes tres requisitos: que mejore el rendimiento; que represente un riesgo inmediato o potencial para la salud del deportista; o que atente contra el espíritu deportivo. Por tanto, una sustancia dopante lo será si mejora nuestro rendimiento de forma artificial y tiene riesgo para nuestra salud y/o vulnera los valores del deporte. Todos queremos potenciar nuestro rendimiento, mejorar nuestras marcas o simplemente sentir que gozamos de salud y estamos contentos con nuestro estado físico, y para ello contamos con muchos métodos ordinarios, y legales, como el entrenamiento disciplinado, una nutrición saludable, la suplementación deportiva (si fuera necesaria), el descanso, sesiones de fisioterapia, etc., pero en ocasiones existen supuestos atletas que no lo consideran suficiente y deciden tomar la “vía fácil” y hacer uso de sustancias prohibidas, incluso entre aquellos que, teóricamente, realizan deporte buscando salud y mejora personal.

No quiero que se me entienda mal, ya que mi postura es rotunda contra el dopaje y cualquier otro tipo de artimañas para asegurarnos un mejor resultado, pero podría, haciendo un esfuerzo enorme de empatía, llegar a entender por qué algunos atletas se equivocan e incurren en dopaje, ya que en el deporte de élite una centésima puede marcar la diferencia entre ganar y quedarte a las puertas, o entre firmar un gran contrato, si no te cazan, o seguir malviviendo, a pesar de poner en riesgo tu salud; pero no me entra en la cabeza qué motiva a un deportista amateur a tomar sustancias prohibidas ¿A quién engañas? ¿Merece la pena para ser el 37º?

Existen incluso algunos autores que alegan que la prohibición del dopaje es injustificada, argumentando, entre otras, que a pesar de que fuera nocivo para la salud, también lo son algunos métodos de entrenamiento o modalidades deportivas, como el alpinismo donde fallecen muchas personas cada año, y a pesar de ello está permitido; o que se considera a los atletas de élite modelos sociales de comportamiento para los jóvenes, que les copiarían, cuando en realidad no ejercen de modelos positivos en otros ámbitos, como el consumo de alcohol o tabaco.  Mi postura, como ya he expresado, es totalmente contraria, y cito a continuación tres aspectos que deberían considerarse a la hora de posicionarnos frente al uso de sustancias dopantes:

  • Salud: A pesar de que el mayor riesgo parezca ser la sanción si se es “cazado”, como ocurre también por desgracia en lo relacionado con las drogas y la conducción, uno de los principales peligros del doping es que afecta directamente nuestra salud. Algo tan sencillo como la ingesta prolongada de corticoesteroides, antiinflamatorios usados en exceso en el deporte y que se encuentran en la lista de sustancias prohibidas si no se justifican con prescripción médica, puede provocar problemas médicos serios, como la insuficiencia suprarrenal, tras la cual el cuerpo presenta problemas para producir cortisol, la hormona del estrés.
  • Modelo sociales: En la cultura actual del “tiene que ser ya y fácil”, donde cuesta esforzarse por conseguir aquello que se quiere, los deportistas de referencia pueden servir para enseñar a los jóvenes valores positivos como el sacrificio, la deportividad o la persistencia, todos ellos opuestos al uso de sustancias para incrementar de forma artificial el rendimiento.
  • Esencia del deporte: Debemos plantearnos seriamente por qué hacemos deporte y qué buscamos obtener. El dopaje, junto con otras trampas cada vez más frecuentes, como acortar en carreras o los supuestos motores encontrados en bicicletas recientemente, nos pueden asegurar un mejor resultado pero, ¿estaríamos orgullosos de ello? Yo, al menos, no tengo duda al respecto.

 

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