Se espera que para 2020 se produzca la Cuarta Revolución Industrial, también conocida como industria 4.0. Y con ellas también se implantarán las “smart Factories” (industrias inteligentes) las que permitirán que las máquinas estén conectadas entre ellas, haciendo posible su funcionamiento de forma automática. Por lo tanto no hará falta que un operario controle la máquina.

El hecho de que las máquinas puedan actuar sin necesidad de alguien que controle su producción ha asustado a muchos. Así en caso de que no sean necesarios los trabajadores posiblemente muchos de ellos acabarán en el paro. En la prensa ya muchos comienzan a debatir si la industria 4.0 será una verdadera revolución o si por el contrario incrementará la miseria.

Cartel británico que dice “El líder de los luditas”

Esta idea de que las máquinas pueden acabar con el trabajo no es nueva. Así casi desde que empezó la Primera Revolución Industrial el obrero ha tenido miedo a que la tecnología pueda sustituirlo en su puesto laboral.

El caso más destacado de la historia fue el del ludismo o Movimiento Ludista que derivó en un ataque sistemático a las máquinas en Gran Bretaña a comienzos del siglo XIX. Recibe este nombre del líder precursor de este grupo, Ned Ludd. Él era un antiguo artesano textil del condado de Leicestershire que se vio obligado a trabajar en una de estas fábricas. Cansado de que lo explotaran finalmente en 1779 decide destrozar el telar automático con el que trabajaba. Se convirtió así en un ejemplo a seguir por muchos.

No era algo nuevo. Se conocen casos de siglos anteriores en  los que se destruyeron máquinas. Sin embargo el ludismo fue una de las primeras manifestaciones en la historia del movimiento obrero. Fue la reacción que tuvieron los artesanos británicos ante la nueva industria mecanizada, que limitaba mucho su mercado de trabajo. Hasta la Revolución Industrial los artesanos eran los únicos que elaboraban cualquier producto (desde ropa a calzado, pasando por útiles para el campo  e incluso objetos para el uso doméstico, etc.).

Los artesanos realizaban un trabajo de primera calidad. Sin embargo por la laboriosidad que suponía para estos artesanos fabricar estos productos tenían un precio alto. Sin embargo las máquinas podían producir más rápido que ellos, lo que abarataba enormemente los costes de producción. De esta manera lo manufacturado en la fábrica era mucho más barato que lo artesanal. La diferencia de precios era abismal.

Los artesanos no podían competir con los precios de venta de los productos industriales, por lo que muchos se arruinaban. Esto les obligó a trabajar en las fábricas, pero al ser solo operarios encargados de controlar la máquina (lo que no necesita especialización y por lo tanto permite que lo haga cualquiera) cobraban una miseria que casi no les daba para vivir. Ante esto los artesanos, cansados de esta situación, concluyeron que la culpa era de las máquinas. Por lo tanto debían ser destruidas.

De esta forma muchos de los artesanos arruinados empezaron a partir de 1800 a agruparse para destrozar máquinas. Dichas revueltas se extendieron de forma irregular hasta 1830, aunque la etapa de mayor virulencia se sucederá entre 1811 y 1816-17. El gobierno inglés, ante este conflicto actuó con dureza. Hubo represión que acabó con un alto número muertos en las revueltas por disparos de policías y el ejército.  Pero también muchos de los líderes del ludismo fueron condenados a muerte por sus acciones.

Las rebeliones no tardaron en extenderse por toda Europa. Así países como Francia, Alemania, España o Bélgica también sufrieron algunas revueltas en años posteriores a las inglesas. Sin embargo la duración del movimiento ludista es relativamente corta y como se ha dicho bastante irregular. Todavía los obreros no se habían dado cuenta que era organizarse para lograr cambios. Quedaban 50 años para que fraguara la identidad de clase obrera que uniera a todos los trabajadores industriales. Además les hacía falta darse cuenta de que eran necesario instituciones (partidos socialistas, sindicatos, etc.) que se encargaran de coordinar a todos los trabajadores para que las revueltas fueran realmente efectivas a medio y largo plazo y no solo acciones violentas puntuales.

Para saber más:

  • Fuente López, Patricia de la “Los luditas y la tecnología: lecciones del pasado para las sociedades del presente”. En IX Jornadas sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad: La perspectiva Filosófica [en línea]. El Ferrorl: Universidad da Coruña, 2004. Enlace: http://goo.gl/tAKXn0
  • Guillem Mesado, Juan Manuel Los movimientos sociales en las sociedades industriales. Madrid: Eudema, 1994
Licenciado y apasionado por la historia. Me encanta escribir artículos sobre curiosidades históricas. También de temas que llamen la atención que voy encontrando por aquí y por allá.

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