Esta semana no vamos a hablar de las ondas gravitacionales, aunque debería ya que parece ser el descubrimiento de la década, pero no es este el lugar y, sobre todo, no tengo ni idea de lo que suponen. En cambio, trataremos un tema del que todos somos conscientes y por el que seguro has sufrido alguna vez: el estrés.

Piensa ahora por un momento qué nivel de estrés sueles tener en tu día a día. ¿Alto?¿Medio?¿Eres de los que nada te estresa? Estoy seguro que la gran mayoría de ustedes sienten estrés con frecuencia, ya sea por la situación laboral, por su estado de salud o por la cercanía de una carrera considerada objetivo destacado; y también creo no equivocarme si digo que valoramos nuestras reacciones ante estas situaciones como negativas y desearíamos eliminarlas de nuestra vida. Mi objetivo en las próximas líneas es hacerte cambiar de opinión o, al menos, que seas capaz de ver la respuesta al estrés con otros ojos.

El estrés no es más que una respuesta de nuestro organismo ante cualquier demanda que se le requiera. Si valoramos que nuestros recursos y capacidades se encuentran al nivel de la demanda, ésta supone un reto para nosotros y respondemos para alcanzarlo; por el contrario, si consideramos que no estamos preparados para afrontar la situación, la vivimos como una amenaza. Pongamos un ejemplo para verlo de forma más clara. Si estamos en la línea de salida de una maratón y valoramos que no estamos preparados (falta de entrenamiento, mal estado de salud, desmotivación, etc.), desarrollaremos una respuesta desadaptativa, de amenaza ante la situación estresante que supone afrontar 42 kilómetros. Si a esto le añadimos que generalmente interpretamos como ansiedad o nerviosismo las señales fisiológicas normales de activación ante una situación de la exigencia de una maratón, como el aumento de la frecuencia cardiaca o la sudoración, estamos favoreciendo una respuesta negativa al estrés, que alterará nuestro rendimiento.

Foto vía Instagram: @nikerunning
Foto vía Instagram: @nikerunning

No he puesto este ejemplo de forma aleatoria, ya que recientemente charlaba con un amigo sobre algo parecido que le ocurrió en el comienzo de una carrera: su frecuencia cardiaca era elevada, quizá simplemente por la excitación del momento y los nervios pre-carrera, pero su lectura de la misma puede haberle hecho entrar en el círculo vicioso que desemboca, como he mencionado, en una respuesta desadaptativa al estrés y, en definitiva, en una caída de su rendimiento.

De lo dicho hasta ahora debemos recordar 2 cosas: todos estamos sometidos a situaciones estresantes y la evaluación que hacemos de lo que sucede en ellas determina que respondamos positiva o negativamente.

Un estudio realizado por Jamieson y colaboradores, de la Universidad de Harvard ha demostrado que si somos capaces de ver la respuesta al estrés como algo útil, en lugar de la visión negativa predominante, podemos beneficiarnos de ella y que nos ayude a rendir mejor. Regresando al ejemplo anterior, si vemos que nuestro corazón late más rápido en la salida de la carrera y lo entendemos como una preparación de nuestro cuerpo para enfrentar la situación y superarla, seremos capaces de destacar nuestras potencialidades frente a la demanda, y nos aseguraremos un mejor funcionamiento cardiovascular, con el consiguiente incremento en nuestro rendimiento. En la investigación se hizo pasar a un grupo de voluntarios por una situación estresante mientras se les monitorizaba cardiovascularmente. Al grupo experimental se le instruyó para que reevaluara la respuesta al estrés como funcional, diciéndoles que ésta ha evolucionado para ayudarnos a lidiar con los estresores y permitirnos alcanzar nuestros objetivos. Los resultados indicaron que los participantes que reevaluaron la activación como positiva incrementaron su percepción de poseer los recursos suficientes para afrontar situaciones estresantes y mejoraron su funcionamiento cardiovascular. Por tanto, no se trata de eliminar el estrés sino de cambiar la forma en que lo concebimos: dejar de verlo como un enemigo para apreciar su utilidad.

Para terminar, y en relación a lo anterior, me gustaría destacar otro estudio sobre el estrés de Keller y su equipo, de la Universidad de Wisconsin, que trataba de examinar la relación entre la cantidad de estrés, la percepción del efecto del estrés sobre la salud y la mortalidad. Los resultados indicaron que los niveles elevados de estrés se relacionan con un mayor riesgo de muerte prematura si, y aquí está el dato importante, se tiene la creencia de que el estrés es malo para la salud.

Se hace necesario, a la luz de estos datos, cambiar nuestra visión sobre el estrés para alterar la forma en que respondemos ante éste.

 

La mayor arma contra el estrés es nuestra habilidad para elegir un pensamiento sobre otro

William James

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