Monta tu carnaval – Conrado Flores

Monta tu carnaval – Conrado Flores

Artículo publicado en el número 6 de C Magazine, página 52

Hace pocos días, aún con pestañas postizas y restos de purpurina en la cara, mantuve una amena charla con mi amigo David a través de la red. Aproveché para conversar con él por nuestra antigua amistad y porque estaba acostado sin opción a levantarme debido a los efectos de una noche excesos, esperando que un voluntario de alguna ONG me acercara una sopa a la cama.

El hecho es que contactó conmigo desde Fuerteventura, arrepentido de haber complacido el deseo de su mujer de darse una escapada durante la semana de carnaval. “Yo soy parte del Carnaval, tú me conoces”, me aseguraba con angustia, “no sé cómo pude decirle que sí”. Pues lo imagino: porque después de todo es un tipo razonable, porque su mujer trabaja más duro que él y porque “si alguien se lo merece es ella“, como él mismo me confesó.

Cabe aclarar que Sara lo aguantó pacientemente durante su larga etapa en la murga, cuando se metía sola en la cama cada noche desde noviembre a febrero. “Es su pasión”, me dijo una vez, “asumes que no te casas con un tío, te casas con un murguero”. Y si uno lo piensa, las parejas de los componentes de grupos del carnaval se lo merecen todo. Una estatua, un amante o lo que sea, por proponer que no quede.

“Nos lo estamos pasando bien y encima hace buen tiempo, pero no consigo quitarme el carnaval de la cabeza: necesito vestirme de mujer y salir”, me escribía desde el otro lado del teléfono móvil. Y es que ese, como la fórmula de la Coca Cola y por qué las mujeres acuden juntas al baño, es otro misterio que no tiene explicación. Desde que el niño canario ve por primera vez a su padre vestido de rumbera, con su escote velludo y su bigote, coronando su cabeza con un tocado lleno de fruta, le entran ganas de travestirse y echarse a la calle a vacilar.

Finalmente le dije: “David, no puedes estar en dos sitios a la vez, así que disfruta las vacaciones en lugar de sufrirlas, estás en un lugar fantástico”, le recordé. O se quedó impresionado con mi discurso o se le fue el WiFi, ya que eso lo dejó callado un buen rato. “Tienes razón”, respondió poco después. “Así que por vestirte de mujer que no quede: ve corriendo a pillarte una falda, unas gafas, una peluca y una botella de Arehucas y le montas el carnaval a Sara en la habitación esta misma noche a ritmo de Georgie Dann”, le sugerí, “que ya es hora de devolverle las noches que le debes”. No sé finalmente que hizo pero al día siguiente recibí un emoticono de lo más sugerente.

Ilustración de Nareme Melián
Ilustración de Nareme Melián

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