Decía Felipe II en el siglo XVI que en su imperio nunca se ponía el sol. Con ello quería decir que los territorios españoles eran muchos y que estaban extendidos por toda la tierra. Y no era para menos. El Imperio de Carlos V y Felipe II eran de tal magnitud que nada así se había visto en Europa desde la caída del Imperio Romano.

Pero la ambición de Felipe II no se limitaba a las colonias que estaban bajo su mandato. Los territorios americanos habían beneficiado a la corona española con sus tesoros. Sin embargo todavía no se habían cumplido los objetivos, llegar hasta los riquísimos países asiáticos por el oeste.

Por ello, tras circunnavegar América por el sur, empezaron a conquistarse algunos territorios en el Océano Pacífico. Islas como Filipinas (llamadas así en honor de Felipe II) se convirtieron en territorios clave para establecer un comercio con los países asiáticos, de los que llegaban exóticos (y valiosos) productos como especias (para la comida), finas sedas, objetos de bella cerámica (como jarrones, vajillas, etc.).

Composición con Felipe V (izquierda) y su hijo Felipe II (derecha). Cuadro de Antonio Arias Fernández

El comercio era fluido entre los mercaderes españoles y los asiáticos a mitad del siglo XVI. Pero Felipe II no se sentía lo suficientemente satisfecho. Su ambición se centró en este momento por buscar la manera de que sus soldados conquistaran China o al menos sus principales puertos marítimos. Además esto iba más allá. El rey quería convertir a los chinos a la “religión verdadera”, el catolicismo. Con la evangelización de los chinos el monarca conseguiría una gran reputación entre los pueblos cristianos y hubiese reforzado su título de rey Católico, heredado desde que el Papa Inocencio VIII se lo dio a sus bisabuelos Fernando e Isabel.

El proyecto de conquista fue un proceso largo y meticulosamente diseñado y que se hizo de la siguiente forma:

  1. Expedición e investigación. Comenzaron espiando el territorio para ver cómo podían conquistarlos. No es único de los países que espía en la Edad Moderna. En el caso de China no es diferente. En 1572 el Virrey de Nueva España envía, por mandato de la Corte, una expedición para conseguir la mayor información posible sobre China, haciendo escala en Filipinas.
  2. Abandono provisional de la invasión. Pero por falta de recursos se abandona poco después la intención de invadir China. Por otro lado se había descubierto en las incursiones que el territorio estaba fuertemente defendido (a pesar de su extensión) y que la dinastía Ming estaba bien consolidada en el poder. Por ello era necesario una gran flota y un importante ejército para conquistar el territorio.
  3. Vuelta al proyecto de conquista. Cuando Felipe II logra acceder al trono de Portugal en 1580 la idea de tomar China se pone sobre la mesa de nuevo. Con esta unión entre las dos coronas de la Península también se tomaban las colonias portuguesas que se extendían por toda África e islas del Índico y Pacífico, incluyendo puertos en zonas costeras de China. Es precisamente desde una de estas colonias por donde se quería comenzar la invasión.
  4. Soldados para la conquista. Cuando la invasión se convirtió en un proyecto serio durante la década de los 80 del siglo XVI (1580-88) se habló incluso del número de soldados necesarios para conquistar y cristianizar China. Así se creía que no serían necesarios más de 15.000 hombres españoles reclutados por todo el imperio (incluyendo a 6.000 de Filipinas). A estos se unían en torno a 6.000 soldados japoneses, interesados en acabar con los emperadores de la dinastía Ming, sus principales enemigos. Un ejército tan reducido se debía a la (quizás excesiva) confianza en que la tecnología occidental. Se creía que iba a ser determinante en el campo de batalla.
  5. Se abandona finalmente la conquista de China. Felipe II, en ese momento indudablemente el rey más poderoso de Europa, no pudo prever el mayor desastre militar para el Imperio español en el siglo XVI: el de la pérdida de la Grande y Felicísima Armada (más popularmente conocida como la Armada Invencible). Felipe II pierde gran parte de su poderosa flota en las costas inglesas (muchos de los barcos hundidos por un temporal), además de 20 mil hombres. Fue tan duro el golpe al Imperio que se abandonó finalmente el proyecto de invadir China.

    La dinastía Ming (la constructora de la Ciudad Prohibida) era la que gobernaba cuando el Imperio de Felipe II pensó en conquistar China

Para un rey tan ambicioso como Felipe II la derrota que sufrió contra los ingleses fue un duro golpe. Ni que hablar de uno de los proyectos más ambiciosos de la época, invadir y evangelizar China.  Un ya anciano rey con su orgullo herido. El gran estratega que había acabado con la amenaza otomana en el Mediterráneo tras la Batalla de Lepanto (1571) se vio derrotado por un (todavía) imperio de segunda como era el inglés. La intención de conquistar China quedó abandonada para siempre. Ningún otro rey español jamás tuvo tal ambición. A pesar de ello en el imperio siguió sin ponerse el sol… al menos hasta el siglo XIX.

Para saber más:

  • Ollé Rodríguez, Manuel La empresa de China. De la Armada Invencible al Galeón de Manila. Barcelona: Acantilado, 2002
  • Thomas, Hugh El señor del mundo. Felipe II y su imperio. Barcelona: Planeta, 2013

 

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