Supongo que todos tenemos carreras que nos marcan, ya sea por nuestro gran resultado, por la experiencia vivida o por la sensación de insatisfacción que nos deja en base al objetivo que buscábamos. En mi corta experiencia en la larga distancia, esa carrera ha sido, sin duda, Transvulcania 2015. Fue mi primer intento más allá de 42 kilómetros y, al igual que las demás personas que hacen esto como hobby, tuve que hacer malabares para encajar los entrenamientos con la faceta laboral y personal. Madrugones, muchas tiradas largas en solitario metidas con calzador, robarle tiempo a la pareja y amigos, etc. El día D las cosas no salieron como quería, terminé apaleado y sin disfrutar, pero aprendí mucho. Los valores que uno adquiere con el deporte transcienden a una competición: esfuerzo, compañerismo, apoyo incondicional, superación, etc.

Cuento esto porque la pasada semana leí algo que me hizo recuperar la fe en el espíritu deportivo y sus valores, después de tantos casos recientes de dopaje y trampas en el deporte profesional. Hace dos semanas, los EEUU celebraron en Los Angeles sus Trials para la maratón de los JJOO de Río de Janeiro. Su sistema de clasificación es muy distinto al español: todo se decide en una carrera concreta, donde los tres mejores consiguen plaza para la cita olímpica. En la competición femenina, Amy Cragg, que había sido 4ª en la cita clasificatoria para Londres 2012, y Shalane Flanagan, compañera de Amy en el Bowerman Track Club, decidieron hacer la carrera “en equipo” y buscar su billete olímpico de forma conjunta.

En la primera parte de la maratón se dedicaron a controlar a sus rivales y, cerca del ecuador de la misma, tras responder juntas a un ataque de otra corredora, se encontraron liderando la prueba en solitario. Hasta ese punto, Shalane, con más experiencia en este tipo de citas, se preocupaba constantemente de que su compañera no se sintiera asfixiada con el ritmo que mantenían en pos de esa llegada de la mano a meta. En el kilómetro 40 cambió todo. Shalane comenzó a sentir de forma intensa los efectos de la deshidratación y le era imposible mantener el ritmo. Con el sueño olímpico en juego, y con la 3ª y 4ª clasificada recortando tiempo, Amy demostró esos valores de los que hablaba previamente, y se negó a abandonar a su amiga, que le insistía que no la esperara, hasta que Desiree Linden, a la postre 2ª clasificada, se encontró a corta distancia. ¿Jugarte el trabajo de muchos años por esperar a una amiga? Sólo ellas saben la de horas que han compartido en la pista, lo que han sufrido en su preparación para compartir experiencia olímpica y, sobre todo, la ilusión que les hacía que su compañera y amiga alcanzara su objetivo.

En esta ocasión si hubo final feliz. Amy Cragg ganó la carrera, Desiree Linden terminó la prueba segunda y Shalane Flanagan, a pesar de los mareos y la visión borrosa, resistió en tercer lugar para asegurar su plaza en Río 2016. En vez de descansar tras el titánico esfuerzo o celebrar su victoria, Amy se encontraba en la línea de meta esperando a su amiga que, con muchas dificultades, la alcanzó y se desplomó en sus brazos. La foto habla por sí sola.

Foto vía Instagram: @somosrunners
Foto vía Instagram: @somosrunners

Los que disfrutamos del deporte, de forma activa o como espectadores, lo hacemos, en gran parte, por escenas como ésta: gente que lucha por sus sueños, que ayuda a los demás y que se alegra de los éxitos ajenos. Son éstas las imágenes que deberían abrir los periódicos deportivos, y no los coches o peinados de determinados personajes, y los valores positivos como los reflejados en este texto los que se destacaran y sirvieran de ejemplo a los más jóvenes, puesto que contribuyen a su desarrollo personal y, por tanto, como deportistas.

Volviendo a donde empezaba, el año pasado aprendí mucho. En la para mí eterna recta de meta, me dije que no volvería a correr una ultra, una había sido suficiente. Por suerte, como nos pasa a casi todos, el enfado y las malas sensaciones desaparecen junto al dolor de piernas, y prevalecen nuestras ganas de superarnos y levantarnos del traspiés, por lo que este año repetiré, junto a un grupo de buenos amigos, en la impresionante salida de Fuencaliente. El objetivo está claro: mejorar mi marca del año pasado y, sobre todo, llegar a Los Llanos con una sonrisa de satisfacción por todo el esfuerzo realizado.

 

Twitter: @masquecorrer

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