La Trufa. La cantidad de aroma y sabor concentrados en ellas, ligados a la dificultad de hallazgo o cultivo de las mismas, hacen de este mito gastronómico algo inigualable. Si bien es verdad que su aspecto e incluso su textura no es algo que enamore a primera vista, en cuanto las pruebas, entiendes el por qué de su fama. 

Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de utilizar la trufa en cualquiera de nuestros platos es que sus principales características son el aroma y el sabor, por lo que se debe añadir (a la cocción de nuestro plato) a última hora para lograr preservar las cualidades del mismo. 

Hay diferentes tipos de trufa, y ello repercute en que cada uno irá mejor o peor con una serie de platos determinados. Las especificaciones del tipo de trufa que vamos a comprar normalmente aparece en el etiquetado, y es importante saber cual de estos tipos es el correcto para así no llevarnos una decepción una vez probemos el resultado final de nuestra propuesta gastronómica.

Consejos:

  • Deben añadirse a la elaboración del plato en cuestión, escasos minutos antes de la finalización del mismo. De esta manera todos los ingredientes preservarán sus cualidades individuales a la vez que el sabor y aroma de su conjunto.
  • Por lo general las trufas no tienen colorantes ni conservantes, suelen ser productos totalmente ecológicos y naturales.
  • A la hora de conservarlas, las trufas han de guardarse en el frigorífico. Un consejo es envolverlas en papel absorbente de cocina y guardarlas a su vez en un recipiente hermético. Asimismo muchos aconsejan que se abra dicho recipiente para así oxigenarlas una vez al día.
  • Fuera de temporada la trufa se puede mantener congelada y cuando se necesite, sacarla y rallarla sin que llegue a descongelarse la parte que no se vaya a aprovechar.

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