En mi último artículo, hablamos de las creencias falsas y supersticiones relacionadas con la lotería. Pues resulta que también pueden observarse conductas irracionales y nada lógicas en este campo. Una de ellas podría ser el hecho de gastarnos más dinero en ellas que lo que nos hubiéramos gastado antes, comprando lo que realmente nos hacía falta. Y es que como vimos en el artículo del mes pasado y contrariamente a la definición clásica, animal racional, lo cierto es que no somos siempre lógicos en nuestras tomas de decisiones.

En 2002 se otorgó el Premio Nobel de Economía al psicólogo de la Universidad de Princeton Daniel Kahneman por “haber integrado ideas de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo relativo a la emisión de juicios y toma de decisiones en situaciones de incertidumbre”. Kahneman y Tversky demostraron con sus experimentos que los humanos no somos totalmente racionales en la toma de decisiones, además de ser malos estadísticos intuitivos. Solemos decidir cosas según procedimientos denominados heurísticos, una especie de “atajos cognitivos”, estrategias mentales no formales para resolver problemas y que permiten la emisión de juicios.

Imaginemos la siguiente situación: Juan es ordenado, meticuloso, y obsesionado por el orden. Pregunta: ¿qué ocupación creen que es más probable que desempeñe Juan: agricultor o bibliotecario? Muchos/as responderán que bibliotecario. Sin embargo, hay muchos más agricultores que bibliotecarios y por probabilidad lo normal es que Juan sea agricultor. Por otro lado, ¿no creen que las características de Juan también son compatibles con la profesión de agricultor? En este caso, estaríamos razonando según el heurístico de representatividad: no hemos sido lógicos, sino que nos dejamos llevar por el hecho de que la descripción de Juan es más representativa de bibliotecario que de agricultor.thinking-272677_960_720

Es obvio que existen ventajas adaptativas en el uso de estos heurísticos, como es la velocidad a la hora de tomar decisiones. Imaginemos lo poco eficiente que hubiera sido para nuestros antepasados, como a nosotros, el tomar una decisión o ejecutar una conducta calculando siempre probabilidades reales de peligro antes de decidir, por ejemplo. Y muchas veces los heurísticos nos llevan a soluciones adecuadas y correctas. Sin embargo, también son estrategias inexactas que pueden dar lugar a errores, como el que muchas personas habrán cometido en el ejemplo de Juan.

Estas teorías pueden aplicarse a cualquier actividad humana que requiera toma de decisiones o emisión de juicios en condiciones de incertidumbre. Sus trabajos son de particular importancia y aplicación en economía y es por ello que Kahneman recibió el Nobel. Kahneman y Tversky demostraron, por ejemplo, que las pérdidas y las ganancias no se valoran por igual y esto ocurre también en los expertos en economía. Por ejemplo, resulta curioso que arreglemos los desperfectos de nuestra casa para ahorrarnos un dinero y no vayamos a realizar el mismo trabajo a la de un amigo si este nos paga la misma cantidad.

En ambos casos, las pérdidas y ganancias son las mismas.

En resumen, los heurísticos constituyen una aportación científica para entender la irracionalidad humana. Pero la buena noticia es que el cerebro del ser humano también ha desarrollado un antídoto a esa irracionalidad, la Ciencia, que a su vez es la que precisamente nos permite estudiar y entender ese lado irracional.

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